Hospital chino construido en 10 días muestra la importancia de la integración entre producto, proceso y gestión
Epicentro del brote de coronavirus en Wuhan (Foto: Anadolu Agency / Colaborador vía Getty Images)
Mientras el mundo sigue, con enorme preocupación, la evolución de la epidemia del coronavirus en China, una noticia causó gran impacto: la construcción de un hospital en la región china afectada en apenas 10 días.
Para quienes pertenecen al sector de la construcción, hazañas como esta no son novedad. Varios videos similares, por ejemplo, que muestran hoteles de 30 pisos construidos en China en 15 días, circulan desde hace casi una década. Este tipo de logro chino sigue impresionando al mundo, y con razón, ya que no se consigue en otros países. Basta recordar las numerosas obras en Brasil que sufren innumerables retrasos, se arrastran durante años o nunca terminan.
En este contexto, he escuchado con frecuencia tres preguntas: ¿Cómo lo consiguen los chinos? ¿Sería posible en Brasil? ¿Por qué estamos tan lejos de plazos tan dramáticamente rápidos como este en nuestras obras? Voy a analizar e intentar responder cada una de ellas.
Los chinos lo consiguen con una combinación específica de “producto, proceso y gestión”. Construcciones como esta se enmarcan dentro de un esfuerzo de “industrialización de la construcción”, que consiste en trasladar actividades que antes se hacían en las obras a fábricas, transformando la construcción en un montaje racionalizado, más rápido y con mayor precisión.
El concepto cobró impulso después de la Segunda Guerra Mundial en los esfuerzos de reconstrucción y ha evolucionado desde entonces, pasando de sistemas pesados y poco flexibles a elementos que pueden combinarse, incluso en módulos casi terminados, como es el caso de este hospital chino.
El producto en sí (el edificio, sus paredes, instalaciones, etc.) se concibe, desde el principio, pensando también en los procesos de fabricación y de montaje. En el sistema lean, a esto lo llamamos desarrollo simultáneo de producto y proceso.
Estos dos elementos, sin embargo, solo se unen en la obra de manera eficiente con un componente fundamental más: la gestión. Todo tiene que estar muy bien planificado y coordinado: personas, materiales, equipos, información y recursos financieros.
Una obra convencional, tal como se hace normalmente en Brasil, utiliza alrededor de 80 horas de trabajo por cada metro cuadrado construido. Si se racionaliza, sin grandes cambios tecnológicos, puede llegar a 40 horas/m2. Con estructura prefabricada, 20 horas/m2. Utilizando módulos tridimensionales, como se usó en el hospital chino, puede alcanzar 10 horas/m2 o menos.
Los datos de área construida y de número de obreros que participaron en esta obra del hospital de China son compatibles con este último índice, por lo que no se trata de algo fuera de lo común.
En Brasil hay empresas que ofrecen soluciones similares que ya alcanzan esta productividad, pero, claro, sin la escala que practican los chinos. Muchos otros tipos de sistemas industrializados también se utilizan ya en nuestro país. Recientemente, por ejemplo, participamos aquí en Brasil en la construcción de una casa en 24 horas, experiencia que relaté en una columna titulada “Esta casa se construye en apenas 24 horas”. Esta experiencia brasileña alcanzó índices de productividad similares a los del hospital chino, pero, claro, utilizando muchos menos trabajadores y generando un área proporcionalmente mucho menor.
Lo que realmente impresiona en el caso chino es el nivel de concentración de recursos, que produjo los 25.000 metros cuadrados de construcción con 4.000 obreros trabajando en apenas 10 días. La aplicación de todo el sistema constructivo industrializado siempre requiere mucha planificación y una gestión cuidadosa en la ejecución, en todos los detalles involucrados. Esta obra china, realizada en un plazo tan corto, sin duda exigió mucho más de todo eso.
Puedo afirmar que en Brasil ya tenemos tecnología para producir obras con procesos similares al empleado en el hospital chino. E incluso los conocimientos de planificación y gestión para una coordinación en un tiempo muy reducido están disponibles entre nuestros profesionales. En el campo de las edificaciones habitacionales, por ejemplo, ya tenemos casos de obras de menor tamaño realizadas en semanas. ¿Por qué entonces casi no vemos aquí obras con plazos tan impresionantemente reducidos?
Ahí entran otros factores, que son más complejos de resolver. Desde el adecuado entendimiento de la escala de las demandas por atender, pasando por la determinación de buscar soluciones en plazos realmente cortos, hasta la capacidad de reunir a diferentes agentes sociales y económicos y la perspectiva de continuidad de las acciones, que haga viables las inversiones necesarias.
Volviendo al caso del hospital chino, la concepción de este tipo de construcción ya se había realizado antes. El desarrollo del producto y del proceso, la instalación de fábricas, la capacitación de equipos, etc. ya se habían llevado a cabo, con miras a la atención continua de una gran demanda.
En Brasil también hay necesidades de este tipo de construcción a gran escala, ya sea para vivienda, hospitales, escuelas, etc. La cuestión aquí es definir el ritmo con el que se pretende atender esas demandas, así como la planificación de los recursos materiales, financieros, humanos y tecnológicos, entre otros, que puedan garantizar la continuidad de este tipo de construcción y que logren viabilizar el negocio de forma atractiva para todos los agentes que deben participar.
Si logramos desarrollar todo este contexto, puede que no tengamos de inmediato grandes edificios construidos en 10 días, como en el caso chino, pero quizás en pocos meses – y no en varios años, como ocurre muchas veces en Brasil.
Para ello, la planificación no podría limitarse a los aspectos físicos y constructivos, sino que debería incluir también los aspectos de todo el ciclo de vida de utilización de la infraestructura creada. Por ejemplo, en el caso de los servicios de salud, toda la cadena de operación, e incluso de formación de profesionales especializados, tendría que ser compatible con el ritmo deseado de entrega de las unidades para su funcionamiento.
Es claro que toda esta coordinación es bastante compleja y exige muchas condiciones para darse en un país como el nuestro, que tiene procesos de decisión y una economía muy diferentes de los de China – y que aquí dependen de la articulación de muchos agentes independientes, involucrando a toda la sociedad.
Tecnología, conocimientos, empresas y profesionales capacitados ya los tenemos para alcanzar un nuevo nivel de plazos reducidos en nuestra construcción civil.
Quizás lo que nos falte sea una articulación, como sociedad, que pueda generar una voluntad real y proactiva para realizar este cambio de paradigma, claro, en los casos en que sea necesario y tenga sentido. Sin duda no sería fácil, pero a partir de esa actitud con mayor sentido de urgencia, es probable que logremos reunir los recursos necesarios para poner en práctica este tipo de construcción, de forma sistemática y cotidiana, con el fin de atender nuestras demandas y déficits estructurales tan apremiantes en plazos más adecuados a las necesidades que se acumulan.