El momento exige una transformación total de las empresas

El momento exige una transformación total de las empresas (Foto: NicoElNino via Getty Images)
La actual situación de pandemia generó, como sabemos, impactos para todas las empresas en diferentes niveles, pero la gran mayoría enfrentó y todavía enfrenta consecuencias enormes. Y muchas organizaciones ya se dieron cuenta de que esos impactos todavía van a perdurar y a generar otros, incluso después del regreso a cierta normalidad.
En este contexto, hacer pequeños cambios en las empresas, como reducciones de costos puntuales, ajustes aquí o allá… sin duda será insuficiente para hacer frente tanto a los desafíos actuales como a los que todavía están por venir.
Así, puede ser necesario (e incluso una oportunidad) realizar una transformación total en las compañías. O, como lo llamamos en la gestión lean, dar el “gran giro”.
Esta transformación necesita comenzar por la revisión de los productos o servicios ofrecidos. Los clientes pasaron y todavía atraviesan la crisis. Esto sin duda está cambiando mentalidades y necesidades. Exigirán, cada vez más, productos y servicios eficientes, simples, fáciles de usar, con resultados concretos y rápidos.
Del mismo modo, es necesario repensar de forma radical los procesos que entregan y distribuyen los productos y servicios a los clientes, cada vez más exigentes.
El sistema lean puede ayudar mucho a promover esta gran transformación en la organización como un todo.
Por ejemplo, instituir efectivamente “flujos continuos” de producción. Esto significa, en la práctica, producir sin interrupciones ni “cuellos de botella”, de un extremo a otro de la compañía, alineando todos los procesos al ritmo de la demanda de los clientes.
Para ello, será necesario adoptar o reforzar el “sistema pull”, que consiste en producir solo lo que demanda el cliente, o el proceso siguiente. Esto es bastante diferente de la “producción empujada”, que llena los inventarios a partir de previsiones que muchas veces no se concretan.
También es esencial adoptar o profundizar el “trabajo estandarizado”, que consiste en establecer con la mayor precisión posible cómo deben realizarse las actividades, pensando siempre en la agregación de valor y en la eliminación de desperdicios.
Y, claro, repensar los procesos administrativos y de apoyo (por ejemplo, en las oficinas). También están impregnados de retrabajos, de desperdicios y de actividades que pueden perfeccionarse, simplificarse y potenciarse con más y mejor tecnología.
También revisar mentalidades, actitudes y prácticas, tanto de los líderes como de los liderados. Por ejemplo, ver el cambio de gestión no como algo “puntual”, sino dentro de una visión estratégica de la empresa como un todo. Y esforzarnos todos por minimizar la tendencia natural de resistencia al cambio.
Claro que realizar tanta transformación no es una tarea fácil ni inmediata. Cambiar una organización como un todo es un gran desafío y requiere “dinamitar” estructuras muy arraigadas, sustituyéndolas por una serie de otras.
Se trata, sin embargo, de un cambio posible y tal vez inevitable. Es necesario pensar en ello y dar los primeros pasos. Y entender que el momento trae, más que una oportunidad, una necesidad de buscar “el gran giro”.