La Covid-19 exigirá una evolución de la gestión de las cadenas de suministro

La covid-19 exigirá una evolución de la gestión de las cadenas de suministro (Foto: wera Rodsawang via Getty Images)
La pandemia de covid-19 ha generado para las empresas una serie de desafíos que están exigiendo mejoras en sus sistemas de gestión. Uno de ellos, sin duda, está relacionado con las cadenas de suministro.
Estas cadenas se han organizado principalmente con miras a la economía de escala y a la reducción de costos. Están formadas por organizaciones de diversos tamaños, en varias localidades, en una economía globalizada.
La pandemia ha llevado a cuestionar algunos conceptos relacionados con estas cadenas y ya empieza a generar cambios, que probablemente se incorporarán a las nuevas tendencias, incluso después del período más difícil de la crisis.
En el caso de los suministros médicos, como respiradores, pruebas y mascarillas, ya quedó bastante evidente para todos, por ejemplo, que depender de la producción casi exclusiva de un único país es un gran riesgo. Este es el caso más visible en la actualidad, pero en realidad los efectos de la pandemia están obligando a diversas empresas, de distintos sectores, a repensar el diseño de su red de proveedores.
Así, ya se ven compañías, principalmente multinacionales, que reducen el número de proveedores lejanos, de lugares fuertemente afectados por la pandemia, y buscan proveedores en sus respectivas regiones.
Por otro lado, está el desafío de los pequeños y medianos proveedores locales, que enfrentan enormes pérdidas de facturación por la caída repentina de la demanda, fruto del aislamiento social. Muchos de ellos, por no contar con un “colchón financiero” muy amplio, están al borde de la quiebra.
Este escenario está exigiendo una evolución de la gestión de las cadenas de suministro, tanto por parte de los compradores como de los proveedores.
Del lado de los compradores, el desafío será lograr diversificar aún más la cadena, obteniendo opciones de proveedores regionales, pero sin generar con ello aumentos de costos ni disminución de la calidad.
Algunos factores pueden facilitar este movimiento. Por ejemplo, la ventaja de los países con bajo costo de mano de obra viene disminuyendo debido a los avances tecnológicos. Vemos también que los costos implícitos de mayores inventarios y menor flexibilidad, derivados de los largos plazos de importación, empiezan a despertar mayor atención.
Estos aspectos ya venían generando algunos movimientos de regionalización y, sumados a una mayor sensibilidad a los riesgos de desabastecimiento, se tomarán todavía más en cuenta. Los mercados seguirán globalizados, pero posiblemente, en algunos casos, sufrirán cierta desconcentración.
Del lado de los proveedores, será más importante que nunca que reevalúen sus procesos productivos, con el objetivo de eliminar los desperdicios ocultos, que generan costos y minan la competitividad. Así, se volverán tan o más competitivos que sus competidores globales.
Las grandes empresas que ya tienen buenos procesos de gestión pueden ayudar a sus proveedores a mejorar sus formas de trabajar. En la gestión lean, es común que las compañías que están avanzadas en la “jornada lean” involucren a sus proveedores en la adopción de mejoras, para que ambos hagan evolucionar sus procesos, aumenten la agregación de valor y resuelvan problemas en conjunto, haciendo su cadena más competitiva.
Esto exige un alto grado de cooperación y coordinación entre todos los agentes de una cadena de suministro. Este es el mayor desafío e implica la evolución de los conceptos de compras, desarrollo de productos y procesos, producción y logística, tanto internos como de conexión entre los eslabones de esta red. La cadena en su conjunto necesita desarrollar plazos de atención reducidos y una elevada flexibilidad, de manera que pueda absorber, de forma eficiente, las variaciones de escenarios y de demanda con mayor agilidad y seguridad.
El período es crítico. Las dificultades de las cadenas de suministro se vuelven cada día más desafiantes. Las adversidades solo se superarán si compradores y proveedores trabajan juntos, revisando procesos y mejorando la gestión y la coordinación. Con miras no solo a la optimización de costos y a la calidad, sino también a la reducción de riesgos, a una mayor adaptabilidad y a la eliminación de desperdicios.