Ahora Doria debe explicar qué “tipo” de gestor será
Muchos creen que la aplastante victoria ya en la primera vuelta de João Doria para la alcaldía de la ciudad de São Paulo fue fruto, entre otros factores, del discurso “no soy político, soy gestor”. Ideologías o frases de efecto aparte, es realmente muy interesante observar que la “gestión” pueda haber sido una fuerza influyente en estas elecciones en la ciudad más grande y rica del país y también en algunas otras, como Campinas, una de las más grandes e influyentes del interior del estado de São Paulo.
Es bien posible que tal discurso haya surtido efecto en buena parte de la población que realmente desea un gestor, alguien que resuelva o aborde efectivamente sus principales problemas. Y no alguien que solo hable de ello, sin tener capacidad para resolverlos efectivamente.
Desde hace tiempo venimos planteando esta cuestión en esta columna. En la columna “Elecciones municipales: los candidatos necesitan hablar más sobre ‘cómo’ hacer”, del 2 de agosto, por ejemplo, defendí la idea de que no bastaba con decir “qué” se va a hacer, sino, principalmente, “cómo” se hará. Esto es fundamental en un gestor.
También en la columna “Los candidatos necesitan estimular las vocaciones económicas municipales”, del 13 de septiembre, analicé por qué un buen gestor público municipal necesita, además de resolver los problemas de emergencia, desarrollar también el perfil económico de las ciudades, ya que es en ellas donde las personas viven y trabajan.
En este sentido, tal vez le corresponda al nuevo alcalde explicar qué tipo de gestor será. Esto todavía no ha quedado claro.
Al fin y al cabo, la presidenta de la República recién destituida por el proceso de impeachment también fue elegida para su primer mandato con el discurso de que sería una “gerente” eficaz. Su gestión resultó ser nada más que simplemente desastrosa.
Hay muchas empresas mal administradas. Hay gestores ineficaces. Decir que un alcalde debe ser un buen gestor es un buen paso inicial. Pero no basta.
Esperamos no tener a ese gestor típico que sigue la llamada “gestión moderna”, que todavía puede encontrarse en buena parte de las empresas, incluso en grandes multinacionales.
Ese gestor acostumbrado a lidiar con los problemas en las oficinas y en las salas de reuniones y que prefiere mantenerse lejos de donde ocurren los problemas, siendo así poco capaz de resolver eficazmente las fallas y hacer mejoras.
Ese gestor que administra solo con base en números, que traen interpretaciones ambiguas y frecuentemente manipuladas de la realidad.
Ese gestor más preocupado por el desempeño financiero de corto plazo de su organización que por la satisfacción de los clientes.
Ese gestor más preocupado por el poder y por su propia carrera que por las necesidades de los clientes.
Ese gestor que aparenta ser cortés y respetuoso, que dialoga y dice que escucha, pero que cree que lo sabe y lo resuelve todo, sin estimular, capacitar ni desarrollar a los equipos que lo apoyan.
Se trata de un modelo de gestión que desde hace tiempo viene siendo cuestionado en las empresas, ya que da resultados bastante limitados y, a veces, muy malos.
Tal vez ser elegido por haber demostrado preocupación por ser un “buen gestor” ya sea un gran avance en la gestión pública. Pero podemos y debemos ir más allá.
Espero que el alcalde Doria sea un gestor diferente de ese típico descrito arriba que todavía encontramos mucho en Brasil y en el mundo.
Los orígenes de la gestión lean se remontan a Toyota en el Japón posterior a la Segunda Guerra Mundial, una empresa que atravesaba un momento de grandes dificultades y falta de recursos. Era una compañía pequeña y pobre, pero ambiciosa y con aspiraciones de ser la mejor.
A partir de entonces, fue desarrollando conceptos y prácticas revolucionarios orientados a agregar valor para los clientes, que la llevaron a ser la empresa más exitosa del mundo en un sector tradicional e importante como el automotor.
Hoy, estas prácticas se han difundido a todos los sectores y países, incluso en el área pública.
La situación que vive la alcaldía de São Paulo en este momento, en la que el presupuesto previsto para 2017 es cerca de un 30% menor que el de este año, nos recuerda mucho al momento en que la gestión lean comenzó a tomar cuerpo.
Es decir, demandas y expectativas sociales que aumentan a cada momento. Y recursos cada vez más escasos.
En este contexto, tal vez sea más adecuado que los alcaldes – o los alcaldes que realmente quieran ser buenos gestores – intenten adoptar esta visión de gestión más contemporánea, de gestor lean.
Que enfoque sus esfuerzos en atender las necesidades de los clientes/ciudadanos.Que salga a las calles a ver las cosas de cerca, en el “gemba”, para entender más profundamente los problemas. No para llamar la atención de la prensa, hacer proselitismo político o parecer activo ante los electores. Sino para poder resolver efectivamente los problemas. Y que estimule este comportamiento en todo su equipo y cuerpo administrativo.
Que busque gestionar mediante el método científico de buscar las causas raíz de los problemas e implementar las contramedidas más eficaces.
Que procure hacer experimentos rápidos para resolver problemas específicos y generar aprendizajes.
Que estimule y viabilice la búsqueda de los desperdicios de la gestión y que intente reducirlos o eliminarlos, simplificando los procesos y priorizando las actividades que realmente creen valor para los ciudadanos.
Que entienda que el verdadero papel del líder, del gestor, es desarrollar a las personas con quienes trabaja, haciendo que mejoren su trabajo diariamente, eliminando desperdicios y aumentando la agregación de valor desde el punto de vista del ciudadano.
Que garantice la transparencia para los ciudadanos y colaboradores.
Que defina claramente las prioridades y establezca los planes de acción de forma alineada para alcanzar el futuro deseado.
Estos son algunos de los elementos y prácticas gerenciales que necesitan ser estimulados. Pero la mayoría de los gestores públicos, e incluso del sector privado, no está capacitada para ello.
Las empresas que han aplicado estas prácticas y conceptos logran resultados impresionantes en productividad, calidad, costos, satisfacción de los clientes, reducción de lead times (agilidad), etc.
Por ejemplo, incluso en este período de crisis que hemos vivido, Toyota en Brasil es la ensambladora de vehículos que más ha prosperado, garantizando productos y servicios de calidad a sus clientes.
Que el nuevo alcalde tenga mucho éxito, por el bien de todos los que viven en São Paulo. Pero todavía es preciso entender qué tipo de gestor será João Doria.
Solo la práctica lo mostrará, a partir de enero del próximo año o incluso en los próximos meses, cuando se conforme el equipo de gestión y se detallen los planes de acción.
Las acciones concretas y los resultados obtenidos mostrarán si será un gestor llamado moderno o si aprovechará las enseñanzas de los conceptos y prácticas de la gestión lean.
Las ventajas de esta última residen en el hecho de que dicha gestión no requiere inversiones. Pero lo difícil es que implica una nueva manera de trabajar y de pensar, radicalmente diferente de la tradicional llamada moderna. Con ello, las alcaldías podrán ser capaces de realizar mucho más por los ciudadanos con los escasos recursos existentes.
Decir que se es gestor no será suficiente para impulsar la gestión pública, tan carente de prácticas gerenciales mínimamente racionales desde el punto de vista de los ciudadanos.
Así, cabe preguntar: ¿qué tipo de gestor?