Mirar hacia el futuro - y con urgencia
Estuve recientemente en conversaciones con organismos del gobierno de Singapur sobre qué hacer para enfrentar los desafíos actuales y futuros de la competitividad global. Están preocupados por el país en el año 2025, y miran aún más adelante, hacia 2040. El país logró un progreso extraordinario en las últimas décadas. A pesar de su limitada extensión territorial, tiene niveles de desarrollo económico y social envidiables. Tiene el mejor aeropuerto del mundo y el puerto más eficiente.
Pero están preocupados. Tienen plena conciencia de que, si quieren tener un futuro mejor, su construcción debe comenzar ahora. Saben que el sector de las pequeñas y medianas empresas, en particular de servicios, no es muy eficiente. Así, la estrategia del país es aumentar drásticamente la productividad de esos sectores en los próximos años.
De este modo, organismos del gobierno vinculados al llamado Ministerio de Mano de Obra, una universidad técnica y un organismo enfocado en el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas están trabajando de forma cooperativa para llevar nuevos conocimientos, métodos y prácticas en torno a la gestión lean a las organizaciones del país.
Al ver esto y examinar nuestra realidad, la situación en que vivimos nos causa una profunda incomodidad.
Navegamos sin rumbo, sin ninguna preocupación por el futuro que no sea la próxima medida jurídica. Y claramente el nivel del agua está llegando a un punto que ya amenaza seriamente nuestro futuro. Es decir, nos estamos hundiendo, sin que se vea ninguna alternativa cercana.
Esta columna ha procurado sugerir nuevas ideas, métodos, técnicas y prácticas de gestión para ayudar a mejorar las empresas, que así serían capaces de ofrecer mejores productos y servicios a sus clientes, además de capacitar y comprometer a los colaboradores.
Con ello, podrían crear un sistema de gestión más sólido, capaz de generar mejores resultados financieros a partir de una mayor capacidad de proporcionar valor a clientes cada vez más exigentes. Pero en este entorno inhóspito en que vivimos, esa preocupación por mejorar cada vez más parece ser menos relevante.
Nuestra agenda actual está ocupada con temas muy importantes, de algún modo vinculados a la construcción de un nuevo futuro. Es cierto que tendremos que limpiar muchas prácticas inadecuadas y muchos errores que se cometieron en el pasado. Puede que empeore mucho antes de mejorar. Pero claramente debemos reconocer que quienes deberían estar orientando el rumbo de la sociedad no están cumpliendo su papel. Desde hace años esto no se hace, y claramente hubo un enorme fracaso. Y ni siquiera quienes deberían tener la responsabilidad de señalar un nuevo camino parecen estar cumpliendo ese papel.
Uno de los pilares de la gestión lean es la idea de la mejora continua. En el caso de nuestro país, aun con el enorme esfuerzo realizado por varias empresas y organizaciones, incluso con relativo éxito en muchos casos, el país en su conjunto ha atravesado un proceso de “empeoramiento continuo”, claramente medible por todos los principales indicadores económicos y sociales. Y esto en un entorno global de desafíos crecientes y mayores dificultades competitivas para todos los países y empresas.
La sociedad está exhausta. Las empresas y organizaciones, la parte del país que produce riqueza y paga impuestos, están siendo destrozadas por políticas inconsecuentes e incompetentes. Estamos cansados de intentar trabajar y producir. Y de ver el naufragio, de manifestarnos al respecto sin que ocurra ningún cambio sustancial.
El “país del futuro”, que siempre lo será, como dicen los escépticos de nuestro potencial, necesita aglutinarse lo más rápido posible en torno a nuevos principios y conceptos, ya que las viejas ideas y prácticas fracasaron.
Pero no será fácil. Los errores fueron muchos. Y la falta de preocupación por el futuro en los últimos años ahora nos hace pagar una pesada cuenta.
Cuanto antes resolvamos el embrollo actual, más rápido comenzará el proceso de reconstrucción y de creación de un futuro nuevo y mejor. Pero necesitamos hacer una seria reflexión, aprender de los errores cometidos y comenzar un nuevo recorrido, más limpio y eficiente, muy diferente de lo que hemos hecho hasta aquí.
La recuperación económica debe venir junto con una recuperación moral y de nuestra autoestima. El camino será arduo y largo.