General GESTIÓN

El puente entre la estrategia y la ejecución: cómo la gestión diaria y el hoshin kanri trabajan juntos

Los autores exploran cómo la gestión diaria y el hoshin kanri, cuando se integran, alinean el trabajo de primera línea con la estrategia, haciendo posible la mejora continua, el aprendizaje y la ejecución eficaz.

La gestión diaria y el hoshin kanri son dos elementos fundamentales en cualquier sistema lean. Aunque tienen propósitos distintos, están profundamente conectados, y entender esta relación es esencial para las organizaciones que desean traducir la estrategia en resultados operativos significativos.

En esencia, la distinción entre estas dos prácticas es simple. La gestión diaria asegura que el negocio opere de forma eficaz todos los días: estabiliza las operaciones, hace visibles los problemas y desarrolla la disciplina necesaria para atender las expectativas de los clientes de manera consistente.

El hoshin kanri, por su parte, impulsa los cambios estratégicos y la innovación. Ayuda a las organizaciones a concentrar sus esfuerzos en un número reducido de objetivos disruptivos, capaces de moldear su futuro.

Sin embargo, estos sistemas no pueden existir de forma aislada. Sin estabilidad en las operaciones diarias, a las iniciativas estratégicas les cuesta ganar tracción. Por otro lado, las organizaciones que se enfocan solo en la ejecución diaria corren el riesgo de volverse eficientes en hacer siempre las mismas cosas, aunque sean equivocadas.

El verdadero poder del lean aparece cuando la gestión diaria y el hoshin kanri operan de forma integrada.

Conectar la estrategia con el trabajo de primera línea

Uno de los mayores desafíos que enfrentan las organizaciones es traducir la estrategia al trabajo del día a día. Muchas empresas elaboran planes estratégicos detallados que, con frecuencia, no llegan al nivel operativo. Como consecuencia, los colaboradores ejecutan las tareas sin comprender cómo su trabajo contribuye a los objetivos más amplios de la organización.

Cerrar esa brecha es un objetivo central de una gestión diaria eficaz. En nuestra experiencia, es común encontrar organizaciones en las que la estrategia existe como un documento creado por la alta dirección, mientras la primera línea opera desconectada de esa visión. La gestión diaria tiende ese puente al conectar las responsabilidades diarias de cada colaborador con los objetivos estratégicos del área, del departamento y de la organización en su conjunto.

Para que esta conexión sea práctica, la gestión diaria se apoya en algunos elementos esenciales. En primer lugar, compromiso y alineación: cada equipo y cada individuo deben comprender los objetivos relevantes para su área y cómo su trabajo contribuye a la dirección estratégica de la organización. (Observe que parte de los objetivos de la primera línea estará directamente conectada al hoshin kanri, mientras que otros reflejan desafíos específicos del área o del departamento). Además, se necesitan métricas claras, que reflejen tanto los resultados de desempeño como los factores que los influyen. Estas medidas permiten seguir el cumplimiento de las metas e identificar los problemas de forma anticipada.

Una vez identificadas las desviaciones, comienza la resolución de problemas. Los problemas son inevitables; lo que diferencia a las organizaciones de alto desempeño es la rapidez y la eficacia con que responden a ellos. La gestión diaria crea un entorno estructurado en el que los equipos identifican problemas, analizan sus causas raíz e implementan contramedidas.

En este contexto, la gestión diaria deja de ser solo un sistema de seguimiento de indicadores de desempeño y pasa a ser un mecanismo de alineación organizacional en torno a objetivos comunes y a la mejora continua.

Estabilidad operativa y desarrollo de personas

La gestión diaria también proporciona la estabilidad necesaria para ejecutar cambios estratégicos. Cuando los procesos son inestables o están mal gestionados, los líderes terminan dedicando gran parte de su tiempo a "apagar incendios” en lugar de concentrarse en las prioridades de largo plazo. Así, las iniciativas estratégicas pasan a ser secundarias cuando los gestores son llamados constantemente a resolver urgencias operativas.

Por eso el lean pone énfasis en desarrollar un “músculo” fuerte en las operaciones del día a día. Cuando los equipos practican de forma consistente el PDCA diario (Planificar–Hacer–Verificar–Actuar) — monitoreando el desempeño, identificando problemas e implementando contramedidas — crean un entorno en el que las operaciones fluyen de forma estable y los líderes tienen capacidad para dedicarse a la innovación.

La gestión diaria proporciona a los líderes una visión en tiempo real del desempeño operativo y de los desafíos recurrentes, que son esenciales para definir las prioridades estratégicas. Al comprender los problemas que afectan a clientes y colaboradores todos los días, los líderes pueden asegurar que el hoshin esté, de hecho, dirigido a las cuestiones más críticas que enfrenta la organización.

Pero hay otro elemento sin el cual ni la gestión diaria ni el hoshin pueden cumplir su propósito: el desarrollo de personas.

El lean suele entenderse erróneamente como un conjunto de herramientas orientadas principalmente a mejorar la eficiencia cuando, en realidad, es un sistema de gestión completo para desarrollar capacidades dentro de una organización.

Cuando la gestión diaria funciona correctamente, los colaboradores se convierten en participantes activos de la resolución de problemas. En lugar de ocultar los problemas o esperar instrucciones de la dirección, los equipos identifican desviaciones, analizan las causas raíz y colaboran en la búsqueda de soluciones. Los líderes, por su parte, actúan como coaches (entrenadores/mentores), que ayudan a desarrollar las habilidades de resolución de problemas en toda la organización.

Del mismo modo, el hoshin kanri desarrolla la capacidad de liderazgo en los niveles más altos de la empresa. Las iniciativas estratégicas rara vez están bajo la responsabilidad de un único individuo o departamento, y los avances de desempeño exigen que los líderes trabajen de forma multifuncional, alineen a varios equipos y construyan consenso en torno a objetivos comunes.

Este enfoque refleja un principio fundamental del lean: el liderazgo no se basa en la autoridad, sino en la responsabilidad de desarrollar a las personas para que la organización alcance sus objetivos de manera colectiva.

 

Crear un entorno de seguridad psicológica

De la mano del desarrollo de personas está la necesidad de crear un entorno en el que los colaboradores se sientan cómodos para exponer los problemas.

En muchos entornos de trabajo, los problemas se ocultan porque los colaboradores temen ser culpados o sufrir consecuencias negativas, o porque se les indica corregir el problema sin el apoyo o los recursos adecuados. Cuando esto ocurre, los problemas se acumulan hasta volverse demasiado grandes (y más costosos) para resolverlos. El lean adopta un enfoque diferente: trata los problemas, idealmente uno por uno, mientras todavía son lo suficientemente pequeños para resolverse de forma rápida (y a bajo costo), como oportunidades de aprendizaje y mejora.

Por ello es fundamental que los líderes promuevan un entorno de seguridad psicológica, en el que las personas se sientan con libertad para hablar abiertamente sobre desafíos y errores. La seguridad psicológica garantiza que los problemas se reconozcan rápidamente y se traten de forma constructiva. Se incentiva a los equipos a sacarlos a la luz pronto, analizarlos de forma colaborativa e implementar mejoras.

Cuando los líderes responden a los problemas con curiosidad y apoyo, en lugar de buscar culpables, crean una cultura en la que la mejora continua puede prosperar.

 

El papel del liderazgo

En última instancia, el éxito tanto de la gestión diaria como del hoshin kanri depende del comportamiento del liderazgo.

Los líderes necesitan entender que estrategia y operación son inseparables. Una visión estratégica consistente no tendrá éxito si la organización tiene dificultades para entregar, de forma confiable, sus productos y servicios actuales. Al mismo tiempo, la excelencia operativa, por sí sola, no garantizará el futuro si la organización no es capaz de innovar.

El papel del liderazgo es garantizar que estos dos sistemas permanezcan conectados, vinculando los objetivos estratégicos con las actividades del día a día y asegurando que el aprendizaje del trabajo cotidiano retroalimente la estrategia futura.

Cuando las organizaciones logran esta integración, construyen un sistema de gestión robusto, que alinea todos los niveles de la organización en torno a un propósito común. En el lean, estrategia y ejecución forman parte de un único ciclo continuo de aprendizaje, mejora e innovación.

 

Para profundizar

Si le interesa profundizar en estas dos prácticas esenciales del lean, consulte: Gestión Diaria para Ejecutar la Estrategia,de José Roberto Ferro y Robson Gouveia, y Managing on Purpose , de Mark Reich.

Este artículo fue publicado originalmente en: Planet Lean

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