La buena gestión puede "calmar" el conflicto generacional
Los conflictos entre generaciones son una marca de la humanidad. Son un fenómeno social recurrente. Ocurren cuando grupos de distintas edades – y, por lo tanto, con valores y comportamientos diferentes – entran en choque. Tal vez siempre haya sido así. Sin embargo, probablemente debido a las recientes transformaciones socioeconómicas, a los profundos cambios en las tecnologías que nos rodean y a las omnipresentes interacciones digitales, se han acentuado y se han vuelto más evidentes. Son uno de los grandes desafíos actuales para los gestores en las empresas.
De tanto en tanto surge un nuevo término para designar a una nueva generación. Ya se han creado diversas "etiquetas" para designarlas: baby boomers (nacidos entre las décadas de los 40 y los 60), generación X (entre los 60 y los 80), millennials (marcados por el cambio de siglo)... Y la generación Z, los "nativos digitales”, nacidos entre 1997 y 2010. Y todas estas generaciones se mezclan y conviven dentro de las empresas.
Entonces, hay una pregunta que no deja de rondar la mente de los gestores: ¿cómo estructurar la gestión para que generaciones con trayectorias tan distintas trabajen juntas, de manera armoniosa, con eficiencia, productividad y capacidad de innovar?
No hay respuestas definitivas. Sin embargo, es posible estructurar bases "atemporales" de la buena gestión que siempre serán relevantes, independientemente de la trayectoria generacional del individuo. Tal vez sea un buen camino.
Por ejemplo, la idea de que el objetivo mayor del trabajo es crear valor para el cliente, final o intermedio. Eso es universal. No importa la generación a la que usted pertenezca. Si logra mirar su trabajo de manera crítica, buscando mejores maneras de hacer las cosas para así entregar más valor a sus clientes, entonces usted, la empresa y la sociedad salen ganando.
Esto vale también para la capacidad de eliminar desperdicios y resolver problemas. Olvide la generación. Todas ganarán si pensamos que todo proceso está “naturalmente” lleno de actividades y etapas que consumen recursos y demandan esfuerzos, pero que son irrelevantes para los clientes. Los desperdicios deben identificarse y eliminarse. Los problemas deben exponerse y resolverse. No debería haber “contraindicaciones” generacionales para tales prácticas.
La lista no termina aquí. Existen diversas otras posibles “zonas de convergencia” que las organizaciones pueden explorar y nutrir. No dependen de las generaciones. Pero deben ser entendidas y ejercitadas por todos. Enfatizar solo las diferencias, poniéndolas en el centro del debate, puede aumentar aún más la distancia entre las generaciones y amplificar la fuerza del choque. Tal vez el papel de la gestión sea atenuarlas.