Las conversaciones difíciles en el trabajo no deben evitarse
Evitar una conversación difícil puede parecer una solución tentadora para eludir incomodidades inmediatas, pero por lo general puede conducir a problemas más graves a largo plazo.
Se trata de un comportamiento humano fácilmente explicable. La mayoría de nosotros tiende a huir de situaciones embarazosas por diversas razones psicológicas y sociales. Tememos un posible conflicto, lo que genera inseguridad y vulnerabilidad.
En el mundo de los negocios, evitar las conversaciones difíciles puede ser el camino hacia la bancarrota. Las decisiones equivocadas pueden prosperar, los hechos relevantes pueden ser “archivados” y las personas pueden seguir sintiéndose incómodas con determinadas situaciones cotidianas.
Poner temas delicados sobre la mesa exige que enfrentemos el temor de que expresar un punto de vista pueda llevar al juicio o al rechazo. El miedo a ser criticado o malinterpretado puede hacer que las personas eviten la conversación.
Además, necesitamos desarrollar nuestras habilidades de comunicación. Algunas personas pueden no sentirse “equipadas” para manejar conversaciones difíciles. La falta de asertividad y de empatía puede hacer el desafío aún más arduo.
Por lo tanto, una de las principales funciones de la gestión es precisamente crear el ambiente organizacional necesario para que las conversaciones difíciles pasen a reconocerse como fundamentales para la supervivencia del negocio. Y para que se conduzcan de manera profunda y ordenada.
En ese sentido, procure siempre definir los términos clave que se discuten en la conversación difícil... aunque eso resulte incómodo.
Por ejemplo, ¿qué significa "suficiente" para usted? ¿Cómo podemos definirlo en términos objetivos? Si se trata de su desempeño en el trabajo, ¿cómo define su jefe la "productividad"? Muchas veces, nuestros conflictos se alimentan de ruidos como estos, más que de cualquier otra cosa.
Otra práctica positiva es sustituir el juicio por la curiosidad genuina. La curiosidad puede transformar una discusión potencialmente acalorada en una conversación agradable. En lugar de apresurarse a defender sus argumentos, pida más aclaraciones. Sustituya las refutaciones por: "Quiero entenderlo mejor. ¿Puede explicarlo un poco más?"
Permita también espacios para el silencio a lo largo de la interacción. Preservar el silencio para que las ideas sean asimiladas es mejor que hablar solo por hablar. Eso también le da a la otra persona la oportunidad de terminar por completo su razonamiento. Permita el silencio aunque resulte un poco desagradable en ese momento.
En determinadas culturas y contextos sociales, la aversión a las confrontaciones directas es más común, y el enfoque indirecto es más recomendable. Lo importante es que seamos capaces de hacer esa lectura previamente para adecuar el “tono” de nuestras conversaciones difíciles. Así aumentamos las probabilidades de éxito.
Evitar las conversaciones difíciles garantiza comodidad. Enfrentarlas invita al crecimiento. ¿Qué prefiere usted?