Mezcla de esperanzas e incertidumbres, 2022 exigirá profundizar la “resolución de problemas”
2022 ya está aquí, y ya se pueden hacer algunas reflexiones importantes para la gestión de las empresas.
Si el año que termina estuvo rodeado de desafíos nunca antes enfrentados, 2022 trae consigo cierta esperanza y optimismo, aunque todavía rodeados de incertidumbres en los campos económico, político, social y de salud, por el riesgo de nuevas variantes.
Así, si una de las palabras clave del próximo año será “incertidumbre”, eso, en gestión, solo puede significar una cosa: fortalecer al máximo los métodos y procesos que ayudan a la compañía a adaptarse y responder rápidamente a cualquier dificultad. Es decir, reforzar la cultura de resolución de problemas.
Es necesario entender que la “incertidumbre” tiene un lado bueno. Si algo es incierto, es porque hay variaciones, desvíos. Y la búsqueda de la solución de estos problemas, si se realiza de la forma correcta, puede traernos una serie de beneficios.
Los procesos correctos de solución de desvíos nos hacen investigar nuestra realidad. Esto puede generar muchos aprendizajes y descubrimientos sobre los clientes, el mercado y el entorno de negocios. Con ello, se fortalece el vínculo entre las personas, se genera innovación y, ciertamente, la empresa se vuelve mejor.
Por el alto grado de incertidumbre que puede venir por delante – y porque enfrentar estas incertidumbres puede generar un fuerte aprendizaje y mejora continua –, 2022 sin duda exigirá que las compañías fortalezcan su capacidad de resolver problemas.
Me atrevo a decir que quien no lo haga no solo perderá competitividad, sino que verá amenazada su supervivencia.
Claro que no es algo fácil, pero lo ideal es que toda la organización se convierta en una “máquina” de resolver problemas, en todos los niveles, áreas, cargos y funciones, desde los pequeños (y a veces ocultos) desafíos hasta las grandes, visibles y complejas cuestiones.
Si las soluciones se buscan de forma sistemática, poco a poco las incertidumbres podrán convertirse en certezas. Las dudas se transformarán en respuestas. Y los problemas, en soluciones.
Para ayudar en este proceso, la gestión lean cuenta con una serie de conceptos y prácticas orientados a revelar y resolver desvíos.
Un ejemplo de ello es el PDCA, sigla de las palabras plan, do, check y act, que trasladan a la gestión el método científico, generando un paso a paso para buscar la solución de cualquier tipo de problema.
Otro ejemplo es el método A3, también un paso a paso que estimula a los empleados a profundizar en la reflexión sobre las causas de los desvíos, antes de pasar a la ejecución de soluciones a veces ineficientes.
Existen además matrices analíticas de la gestión lean, que categorizan los tipos de problemas y ayudan a parametrizar las soluciones más adecuadas para cada tipo.
O también los “kaizens”, que pueden implantar en la empresa una mentalidad cotidiana de resolución de problemas.
En resumen, 2022 promete ser un prototipo de lo que podrá ser el mundo pospandemia. Esto revelará problemas viejos y nuevos, rescatará desvíos no resueltos y pondrá de manifiesto cuestiones surgidas en un nuevo contexto. Es decir, será necesario, más que nunca, intensificar en las empresas, en todo y en todos, la cultura de la resolución de problemas.