La práctica del 'todo está bien' es un defecto de la gestión brasileña: el ejemplo del virus zika
Definir y entender qué es normal y qué es anormal debería ser una preocupación de todos. Y todos deberían ser capaces de saber en cada momento cómo están las cosas en relación con lo esperado y qué se debe hacer para corregirlas, si fuera el caso.
Pero, dependiendo de nuestras premisas básicas, la respuesta puede ser muy diferente, aun mirando la misma realidad. Tenemos un número x de defectos. O nuestro nivel de reclamos está en y. ¿Normal o anormal? ¿Problema o todo bien? Usted elige.
Pero parece que la manera brasileña de pensar tiende a minimizar los problemas y a considerar normal lo que no debería serlo, tanto en las empresas como en la sociedad.
Veamos una situación del país que está llamando la atención global. La llegada de los Juegos Olímpicos a Río de Janeiro viene atrayendo cada vez más el interés del mundo entero. Pero no es el lado deportivo propiamente dicho, por ejemplo, quién se prepara para batir cuál de los récords, qué equipo se está preparando mejor, quién puede ser la nueva estrella del evento, etc. Ni tampoco los retrasos en las obras o incluso las obras prometidas y no entregadas.
El periódico de mayor circulación de Estados Unidos estampó la semana pasada en su primera página el siguiente titular: “On Patrol with Zika Police” (Patrullando con la policía del zika), junto a una foto de oficiales del ejército brasileño con portapapeles en mano y un agente de salud con guantes sosteniendo materiales en las calles de Río de Janeiro.
Ya al inicio del artículo, citó a una autoridad sanitaria brasileña que decía que la alarma en torno al dengue, al chikungunya y al zika ha sido exagerada en Estados Unidos. Y que, para los Juegos Olímpicos, todo estará bajo control. Puede que incluso suceda. Pero esta es una típica reacción brasileña: “Relájese. ¡¡¡Todo va a estar bien!!!”. Sentirse bien parece ser más importante que reconocer las malas noticias.
Pero, a continuación, el periódico muestra el esfuerzo de movilización del gobierno brasileño, que envía tropas y agentes de salud (casi 300.000 personas) a luchar en las calles contra una epidemia, lo que evidencia una preocupación real que no coincide con las palabras de las autoridades. La propia Organización Mundial de la Salud afirma que se trata de una situación muy preocupante.
Esta manera de pensar, de subestimar los problemas, de creer que las cosas siempre están bien, está presente en la sociedad y en la mayoría de las empresas de Brasil. Patear el problema hacia adelante parece prevalecer. Las pocas que no son así necesitan luchar internamente para cambiar la mentalidad de los colaboradores, empezando por los directivos, y modificar la manera de pensar en las compañías.
Tuve la oportunidad de presenciar un diálogo en torno a este problema epidémico entre brasileños y estadounidenses. Los brasileños decían que “todo estará bien para los Juegos Olímpicos porque, en invierno, el mosquito no prolifera”. Cuando los estadounidenses replicaban que “el problema puede ser muy serio, afectando gravemente a las mujeres embarazadas y a los recién nacidos”, los brasileños, minimizando los problemas, decían “basta con usar repelente”. Y los estadounidenses advertían que “es necesario profundizar el conocimiento para entender lo que realmente está sucediendo”.
Para muchos de nosotros, los problemas tienden a ser subestimados y minimizados, mientras que, para muchos de ellos, parece evidente que es necesario exponer los problemas y buscar una solución eficaz. Dos modos de pensar contrastantes.
No se trata solo de creer en manipulaciones políticas de un lado o conspiraciones del otro. Se trata de maneras fundamentalmente diferentes de pensar y actuar.
Para mejorar efectivamente las empresas (y la sociedad), es necesario ser menos tolerante con situaciones que claramente son problemas, pero que nuestra manera de pensar intenta esconder y descuidar.
Así, cuando un medio de prensa estadounidense habla de esto, está diciendo que esta situación no es normal, que no es aceptable y que algo debe hacerse para resolverla y evitar que vuelva a suceder.
Al esconder nuestros problemas, no estamos haciendo nada para resolverlos y evitar que, al menos estos, vuelvan a ocurrir. Surgirán otros, y debemos estar capacitados para enfrentarlos.
Esta es la base para que las empresas comiencen a mirar su desempeño y sus resultados, siempre con ojos desafiantes. Un problema de calidad, una amenaza a la seguridad de un colaborador, una entrega atrasada y tantos otros acontecimientos como estos del día a día de las compañías no pueden considerarse normales.
Creer que los problemas son normales no ayuda a las organizaciones y a la sociedad a avanzar y mejorar siempre, pero exponerlos y resolverlos, uno a la vez, marca toda la diferencia.