Reflexiones personales sobre el impacto de “La máquina que cambió el mundo” en Brasil – 30 años después
Octubre de 1989. Yo estaba en mi oficina del Centro de Política, Tecnología y Desarrollo Industrial del Massachusetts Institute of Technology (MIT), en Cambridge, EE. UU., dando continuidad a mi trabajo de investigación sobre la industria automotriz brasileña y también realizando estudios más teóricos sobre la cultura organizacional y su impacto en el desempeño de las empresas.
Era mi tercer año en el proyecto de investigación del International Motor Vehicle Program. Ya había publicado algunos “papers” sobre el sector automotriz brasileño como parte del conjunto de estudios que se estaban realizando sobre diversos aspectos de esta industria en el mundo.
Para mi sorpresa, empecé a recibir algunas llamadas telefónicas de periodistas brasileños interesados en conocer mi trabajo.
En aquella época, conviene recordarlo, las comunicaciones no eran tan fáciles como hoy, cuando podemos ponernos en contacto con las personas con mucha facilidad en cualquier lugar del planeta. Las llamadas telefónicas no eran tan sencillas de realizar.
Empecé a recibir algunas consultas en particular sobre un paper específico que había escrito acerca de la “design age” (edad de diseño) de la industria automotriz brasileña.
La edad de diseño representa el nivel de modernidad de los productos que se estaban fabricando en los distintos países. Lo que se hizo en aquel momento fue identificar hace cuánto tiempo, en promedio, se habían diseñado los productos que estaban en producción. Esto significaba que, cuanto menor fuera este indicador, más moderna y actualizada sería la cartera de productos.
Mi estudio de entonces mostró que la edad de diseño de los autos producidos en Brasil era de “+ 24 años”, mientras que el promedio mundial rondaba los 4 años, y en algunos países más avanzados era de 2,5 años. ¡¡¡Una brecha enorme!!!
Esto significaba que los autos producidos en Brasil eran muy antiguos en su concepción de diseño, se seguían produciendo año tras año, y eso tenía implicaciones en la seguridad, en la manufacturabilidad (la facilidad para ser producido), el contenido tecnológico, el confort, etc.
Los consumidores brasileños tenían a su disposición productos muy anticuados. Los autos que se producían en Brasil a finales de la década de los 80 habían sido diseñados en los años 50 o 60. En aquella época, por ejemplo, todavía se producía la Kombi, el primer vehículo de producción masiva fabricado en el
país. Esto significaba que los consumidores no tenían acceso a las tecnologías de producto más modernas del mundo
Al principio, no entendí por qué ese “paper” en particular había llamado la atención de los periodistas. Yo no seguía de cerca los acontecimientos en Brasil. Los periódicos brasileños llegaban esporádicamente y con retraso. Estábamos en periodo electoral, con las primeras elecciones directas para presidente a punto de celebrarse.
Algún tiempo después, supe que uno de los candidatos a presidente de la época había pronunciado una frase durante la campaña presidencial que generó mucha discusión al referirse a los autos fabricados en Brasil como “carroças” (carretas).
Esto habría provocado un gran debate sobre el nivel de tecnología y de eficiencia que existía en Brasil. Y, sobre todo, sobre la política industrial brasileña, que durante décadas protegió el mercado local y no permitía que los consumidores brasileños tuvieran acceso a los productos fabricados en otros países.
Efectivamente, los autos fabricados en Brasil eran carretas, vehículos que no incorporaban lo más moderno y avanzado de la tecnología disponible en la industria automotriz mundial.
Este interés por mi trabajo de investigación pone de relieve un primer impacto del estudio de “La máquina...” – sobre la estrategia industrial y las políticas públicas. Se enviaron copias de mis trabajos a revistas y periódicos brasileños, entidades del sector automotriz y organismos gubernamentales.
“La máquina...” inspirando una nueva estrategia y política para el sector automotriz brasileño
Tras volver a Brasil, empecé a comprender la nueva política industrial de apertura del mercado que estaba implementando el nuevo gobierno recién investido y que estaba alineada con uno de los papers que yo había escrito sobre “Alternativas Estratégicas” para la industria brasileña.
La edición final del libro se estaba terminando para lanzarse algunos meses después. Y yo había retomado mi vida académica.
Con el paso del tiempo, fui escribiendo otros papers sobre la industria automotriz. Y me invitaron a hacer algunas presentaciones ante entidades del sector automotriz como Anfavea y Sindipeças, que representan a las automotrices y al sector de autopartes.
Las primeras reacciones a mis estudios fueron, en general, defensivas. Las entidades parecían querer justificar las políticas proteccionistas que estaban siendo cuestionadas diciendo que era muy importante defender el empleo con la producción local.
Por ejemplo, uno de los parámetros de la comparación de competitividad internacional era el grado de automatización y robotización de la industria. En el caso brasileño, era uno de los más bajos del mundo. Anfavea defendía, en aquella época, una posición según la cual, si hubiera más automatización y más robotización, habría un gran desempleo.
Yo argumentaba en contra diciendo que la industria llevaba estancada más de una década, con el mismo volumen de producción de 1 millón de unidades.
El aumento de la eficiencia podría reducir los costos y los precios. Con ello, ampliar el mercado y los volúmenes de producción, generando, por lo tanto, más empleos al final.
Esa postura defensiva prevaleció durante algún tiempo.
En 1992, el Ministerio de Economía me pidió un estudio sobre las políticas para el sector automotriz adoptadas por otros países. Yo había tenido la oportunidad de conocerlas en detalle al visitar empresas en Corea del Sur, Australia, México y Canadá, y tenía una visión del tipo de marco que podría utilizarse en Brasil.
A partir de ese estudio, el gobierno decidió crear la Cámara Sectorial del Sector Automotriz, una organización tripartita que involucraba a la industria, los sindicatos de trabajadores y el gobierno para repensar la industria frente a la necesidad de modernización y de una mejora sustancial de los niveles de productividad y calidad.
Fui el consultor técnico de esa Cámara, cuyos trabajos culminaron en un gran acuerdo en marzo de 1993, con una decisión inmediata de reducir los precios de los vehículos en un 22%, lo que impulsó un gran crecimiento del volumen de ventas y de producción, con la generación de nuevos empleos, la atracción de nuevas inversiones y la modernización de la industria
El éxito inicial de aquella nueva política para el sector automotriz estimuló al gobierno a lanzar también un amplio Programa Nacional de Productividad y Calidad para todos los sectores de la economía.
“La máquina...” inspirando la transformación de la gestión de las empresas del sector automotriz
“La máquina que cambió el mundo” se lanzó oficialmente en portugués a mediados de 1991. Además de hacer la revisión técnica, también escribí un capítulo adicional sobre la industria brasileña para incluirlo junto con el apéndice de esa edición.
Una de las dificultades de traducción tuvo que ver con el nuevo término acuñado en el libro – la palabra “lean” para caracterizar este nuevo sistema de producción y de gestión originario del modelo Toyota.
Yo no sabía si el término lean iba a “pegar”, si podría captar la imaginación de las personas y representar adecuadamente el conjunto de cambios de conceptos y prácticas que traía.
Tuve una gran duda sobre si debía usar el término lean como en el original o si podía buscar una palabra nueva en portugués. Todavía no había claridad sobre la reacción del público en EE. UU., Europa y Japón, ni sobre si el término lean llegaría a popularizarse.
Pensé, entonces, en usar una palabra para intentar explicar a los lectores brasileños lo que eso significaba y, en aquel momento, me pareció que traducir “lean” por “enxuto” o “produção enxuta” (producción esbelta) sería una manera adecuada de representar ese nuevo concepto, a pesar de la connotación que se le daba de reducción de personal.
Hoy, posiblemente, lo habría hecho de una forma completamente distinta. Dejaría el término lean como en el original, porque actualmente es la manera en que las personas lo entienden y logran percibir su significado.
La editorial responsable de la publicación en portugués de “La máquina...” estaba presionada por una automotriz que ya había encargado 500 ejemplares. Esa empresa iba a realizar un evento con sus proveedores e iba a entregar un ejemplar a cada uno de ellos.
Esa automotriz ya había hecho un trabajo de atracción y desarrollo de su base de proveedores y quería dar un paso adelante, estimulando su mayor capacidad competitiva mediante las prácticas lean.
Sin embargo, en aquel momento, se trataba más bien de “haz lo que digo, no lo que hago”. Esa automotriz tuvo muchas dificultades para entender y practicar los conceptos lean en su manufactura y en el resto de la organización. Solo más recientemente logró dar un salto en su desempeño al madurar su comprensión y a través de muchos cambios en su liderazgo y gestión.
Las demás automotrices (en aquella época teníamos tres de automóviles y tres de vehículos comerciales) también empezaron a interesarse por los conceptos y herramientas lean. Los principales directivos en las casas matrices empezaron a reaccionar ante los datos y hechos mostrados en el libro. Aunque, incluso antes de que se publicara la obra, un pequeño grupo de ejecutivos ya había tenido acceso a los datos iniciales de la investigación, pues el International Motor Vehicle Program tenía la práctica de compartir los datos preliminares con las empresas y entidades que lo financiaban, la necesidad de dar alguna respuesta todavía no se había vislumbrado en la mayoría de las compañías. La repercusión interna en las organizaciones llegó hasta el nivel de los CEO, que quisieron conocer más detalles. La reacción inicial fue desafiar a los equipos técnicos de las empresas a explicar la enorme brecha de desempeño.
La repercusión de la publicación del libro llevó a las compañías a esbozar una reacción. Aunque la investigación no identificaba a las organizaciones individualmente, quedaba claro que el desempeño de la industria estadounidense y de la europea estaba muy por debajo del de la mayor parte de las empresas japonesas, en particular de Toyota, la líder en desempeño.
Empezaron a desafiar a sus equipos a emprender realmente un esfuerzo para reducir esa brecha. La reacción fue desigual. No todas las empresas adoptaron efectivamente esa postura. Muchas compañías intentaron justificarse o buscar explicaciones alternativas, casi siempre sobre factores externos a la gestión de las organizaciones.
Pasó una década hasta que ya no hubo dudas de que el lean era un paradigma que conducía a un resultado superior y era el camino para las empresas del sector automotriz. Y de que, si no hacían algo rápido, iban a perder cada vez más terreno frente a una compañía que, cuando se publicó el libro, no era dominante en participación de mercado.
Las automotrices aquí en Brasil empezaron a esbozar una reacción, aunque muy tenue, todavía en el sentido de intentar entender lo que sucedía. Entre otras cosas porque la presencia de Toyota y de las demás empresas lean en el mercado automotriz era poco relevante. El mayor caso de éxito en el camino lean a principios de la década de los 90 fue una automotriz que lo inició en su planta brasileña, sin contar, al principio, con el compromiso de la casa matriz.
Hoy, todas las automotrices en todos los países tienen algún programa o iniciativa orientada a aplicar los conceptos lean de forma amplia en la organización. Algunas de ellas con mucho éxito, tanto que la diferencia de desempeño entre ellas y Toyota se ha reducido mucho.
Por lo tanto, la historia contada en “La máquina...” despertó la curiosidad y el interés de las empresas del sector automotriz al mostrar la existencia de un paradigma muy superior, que sirvió como una llamada de atención.
Al mismo tiempo, el ascenso de Toyota en el mundo la llevó a una posición de liderazgo en participación de mercado y rentabilidad, lo que reforzó el análisis y las conclusiones del libro.
En Brasil, Toyota ha invertido en la ampliación de su capacidad de producción y distribución. Trajo nuevos productos y se convirtió en la empresa líder en calidad y satisfacción de los clientes. Y, cada vez más, sirve como referencia en desempeño y en gestión.
Así, el reconocimiento de que existía una enorme brecha de desempeño entre la industria brasileña y el resto del mundo, y de la necesidad de hacer algo, se basó en gran medida en los datos que aportó el libro.
Tras la reorientación estratégica de la industria brasileña, combinada con las mejoras en la gestión de las empresas, el mercado automotriz empezó a crecer exponencialmente: alcanzó 1 millón de vehículos en 1993, después de haber permanecido 12 años estancado por debajo de ese volumen, y luego triplicó esa cifra en 2008.
En 2010, Brasil llegó a estar entre los cinco mayores productores mundiales de automóviles, fruto de una combinación de mayor competencia, incluso con productos importados, más inversiones, modernización de los productos y procesos, etc. Todo ello hizo que aumentara el consumo de vehículos en el país y que tuviéramos productos mejores y más modernos a nuestra disposición.
“La máquina...” tuvo una gran influencia en la transición de un mercado cerrado y protegido a una industria más abierta y más competitiva, que nació a partir de esa ruptura de los años 90.
Aprendizajes para otros sectores
El libro también repercutió en otros sectores industriales de Brasil, en la medida en que diversas empresas empezaron a interesarse por los conceptos lean.
Las primeras compañías industriales fuera del sector automotriz que dieron los primeros pasos en sus caminos lean a principios de la década de los 90 se referían con frecuencia al caso de la industria automotriz relatado en el libro como fuente de inspiración. Y algunos líderes sugerían que lo mismo podría ocurrir en los sectores económicos a los que pertenecían sus organizaciones.
A medida que esos pasos iniciales empezaban a dar resultados concretos, se superaba el síndrome del “no inventado aquí” – la idea de que los conceptos no se aplicaban a empresas fuera del sector automotriz.
Así, el impacto inicial de “La máquina que cambió el mundo” fue mucho más allá del sector automotriz (automotrices y autopartes) y empezó a extenderse a otros como el acero, la maquinaria, el vidrio, el aluminio, la electrónica, los electrodomésticos, etc.
Y también se utilizó como referencia para investigaciones en otras áreas de la industria nacional, en varias series de estudios sobre competitividad.
“La máquina...” fue mucho más que un libro, un estudio o una investigación académica. Contribuyó a inspirar la transformación de la manufactura brasileña en un momento de transición de las políticas industriales y económicas. Y se convirtió en un clásico.
A partir de ese interés, surgieron deseos e iniciativas puntuales sobre lean en la década de 1990, tras la profunda repercusión del libro, con cierto éxito inicial, pero con mucha dificultad para entender en profundidad los principios lean en la práctica, entre otras cosas porque la obra, aunque tiene algunos elementos descriptivos de ciertas prácticas, no se propone “enseñar”, propiamente, a sus lectores.
Sin embargo, a finales de esa década, incluso con el interés demostrado y las iniciativas pioneras de algunas empresas, notábamos que la dificultad con el
conocimiento práctico sobre la gestión y la transformación lean limitaba las posibilidades de éxito.
Ante esa necesidad, en 1999 decidimos crear el Lean Institute Brasil (www.lean.org.br), siguiendo la iniciativa de James Womack, coordinador de la investigación del MIT y autor principal de “La máquina que cambió el mundo”, que acababa de crear el Lean Enterprise Institute (www.lean.org), en EE. UU., con el propósito de documentar el conocimiento lean, estimular y ayudar a las empresas a realizar experimentos y aprendizajes, compartir esas experiencias y, así, crear una comunidad lean de practicantes.