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Explosión de la Starship: aprender de los errores es indispensable para innovar

Al igual que en los sofisticados programas espaciales, las empresas también pueden beneficiarse de una cultura de experimentaciones sucesivas y aprendizajes acumulados a través de éxitos y fracasos

Hace pocos días presenciamos la explosión de la Starship, el cohete más potente jamás lanzado. Sin embargo, lo que más sorprendió a muchos fue la reacción del empresario Elon Musk, CEO de la empresa responsable del proyecto, que de inmediato celebró el “gran éxito”.

La mayoría de las personas pensó: ¿cómo puede ser un éxito algo que terminó en una explosión debido a una falla en la separación de las etapas? Pasada la reacción inmediata, surgió mucha información y, en este punto al menos, tenemos que estar de acuerdo con el polémico empresario: el lanzamiento fue, sin duda, un experimento exitoso, a pesar de la explosión.

La discusión de este acontecimiento, que movilizó a personas de las más diversas actividades en todo el mundo, reaviva una vez más el debate sobre el papel de las fallas en los procesos de innovación, tan importantes para todas las empresas.

Conviene recordar cómo evolucionó la carrera espacial. A quien le gusta el tema seguramente ya estudió cómo los programas Mercury, Gemini y Apollo crearon una sucesión de aprendizajes hasta que se concretó el primer viaje del hombre a la Luna.

En una sucesión de misiones planificadas, se probaron y ajustaron etapas importantes, como el acoplamiento de diferentes módulos en el espacio, el primer vuelo en órbita lunar, etc. Por más que los ingenieros y científicos planifiquen, solo las pruebas reales pueden comprobar si todo va a funcionar o mostrar fallas que deben corregirse. Cada misión se diseña como un experimento, con objetivos de aprendizaje bien definidos. Y no siempre las cosas ocurren según lo planeado, lo que dio lugar a decenas de accidentes reportados a lo largo de los años.

En el caso del reciente lanzamiento de la Starship, se lograron diversos objetivos, como el lanzamiento más potente hasta entonces sin destruir la plataforma y la superación del punto de esfuerzo crítico, entre otros. Algunos objetivos fracasaron, como la separación de la etapa, pero eso también genera innumerables aprendizajes para que los próximos vuelos funcionen.

Así es como evoluciona la innovación, ya sea en los programas espaciales o en las empresas: mediante experimentos que comprueben o refuten algunas hipótesis. Al ser algo nunca intentado, puede salir mal, pero eso forma parte del proceso de aprendizaje.

Es por eso que en el entorno de las startups, que lidian con mayores incertidumbres por probar productos y modelos de negocio totalmente nuevos, existe una tolerancia a los errores mucho mayor que en la cultura empresarial tradicional, pues un prototipo siempre puede fallar. “Equivóquese rápido” es un mantra en ese medio, en el sentido de que es necesario probar lo antes posible y corregir antes de escalar su modelo de negocio.

Esto no puede confundirse con los errores derivados de una mala planificación, de negligencia o de iniciativas temerarias, sin estudios ni datos que indiquen su viabilidad potencial. Ese tipo de error no es más que mala gestión.

Significa que para innovar debemos realizar experimentos sucesivos, bien planificados y con hipótesis y objetivos claros para ser probados a una escala controlada. Y la cultura de la empresa debe estar preparada para el hecho de que ocurrirán fallas y de que lo más importante es el aprendizaje generado. Esto es indispensable para que las etapas siguientes conduzcan al éxito esperado.

Un entorno controlado, en un programa espacial, se da por ejemplo en las pruebas con naves no tripuladas (como fue esta de la Starship) hasta que haya seguridad para enviar seres humanos.

En una empresa, puede significar lanzar un producto a pequeña escala o solo en una región y medir los resultados. Al igual que en la Starship, en la que los sensores proporcionaron información valiosa que será analizada, en un experimento empresarial debemos establecer indicadores que permitan generar conocimiento útil, sea cual sea el resultado de la prueba.

No son solo las startups las que necesitan una cultura audaz de innovación. Todas las empresas están siendo desafiadas a buscar innovaciones, ya sean incrementales o radicales, para atender los crecientes desafíos de la sociedad, a un ritmo cada vez mayor. Esto no se logrará con iniciativas voluntaristas y mal estructuradas, sino mediante ensayos bien diseñados y acompañados.

Así como ocurre en los sofisticados programas espaciales, el día a día de las empresas también puede beneficiarse de esta cultura de experimentaciones sucesivas y aprendizajes acumulados a través de éxitos y fallas.

Este artículo fue publicado originalmente en: Época Negócios

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