Los cambios en flujo continuo pueden evitar cierres dramáticos de fábricas, como el de Ford

Ford anunció recientemente la decisión de cerrar su fábrica en el ABC paulista, lo que sin duda generará enormes impactos, que afectarán a los empleados, al municipio, a los proveedores y a la propia empresa.
Las noticias citan como motivos la reducción de volúmenes, el desfase tecnológico de esta planta, los altos costos, los cambios en las líneas de productos, etc. Sin duda, estas cuestiones se fueron acumulando y no surgieron de la noche a la mañana.
Sin querer entrar en las razones específicas que llevaron a Ford a tomar esta decisión, el caso sirve para una reflexión más amplia sobre los cambios que ocurren en el sector automotriz y en casi todos los demás. Y sobre cómo las empresas reaccionan o se preparan ante los cambios de escenario.
El sector de la movilidad siente, cada día más, el impacto de una serie de transformaciones, fruto de avances tecnológicos, cambios en las ciudades y también de alteraciones en los hábitos y deseos de consumo de las personas.
Por ejemplo, las evoluciones tecnológicas que, cada vez más, fuerzan la sustitución de la producción de los vehículos tradicionales por los híbridos, los eléctricos y, más recientemente aún, los autónomos.
Hay además otros cambios en curso, no solo los relacionados con la tecnología, sino también en la organización de la movilidad urbana en las grandes ciudades. Es decir, cada vez más las personas buscan, incluso por necesidad, otros tipos de transporte distintos del tradicional “automóvil particular”, como el transporte compartido, los medios públicos, las ciclovías, etc. Eso sin hablar de los cambios en el empleo, con cada vez más personas que pueden trabajar desde casa, sin desplazarse como antes para trabajar.
A ello se suma el hecho de que las empresas brasileñas enfrentan en el día a día el “costo Brasil”, derivado de la elevada carga tributaria, de regulaciones a veces excesivas y burocráticas, de la precaria infraestructura logística, etc., que dificultan la competitividad para insertarse en las cadenas productivas internacionalizadas.
Es necesario, entonces, prepararse, porque todos los sectores productivos estarán cada vez más sujetos a este tipo de cambios, ya que todos sienten también los impactos de estas mismas alteraciones sociales.
¿Y cómo prepararse para ello?
Una forma es intentar responder en ciclos largos. La otra es promover mejoras de forma más rápida y permanente, adaptándose siempre a las nuevas situaciones. La filosofía lean, o pensamiento lean, prefiere siempre actuar en pequeños lotes, que en este caso sería la segunda opción.
Dejar que las cuestiones se acumulen, pensando en promover posteriormente grandes cambios, por regla general exige grandes impactos e inversiones o incluso se vuelve inviable, lo que lleva al cierre de unidades.
La forma lean es promover mejoras en flujo continuo, avanzando en ciclos más cortos. Las empresas que reducen cotidianamente sus desperdicios y refuerzan su agregación real de valor están en cada momento más preparadas para enfrentar los cambios en los mercados.
Así, es necesario tener una gestión que garantice el desarrollo rápido de nuevos productos y servicios que atiendan los cambios rápidos y radicales de los consumidores. Que desarrolle una producción flexible capaz de alterar las formas de fabricar los productos, de acuerdo con las transformaciones del mercado. Y que desarrolle personas que se adapten a los cambios y hagan su trabajo cada día mejor.
Recientemente visité fábricas de Toyota en Japón y pude notar in loco cuánto el pensamiento lean, que nació allí, ha convertido a la fabricante japonesa en una de las empresas mejor preparadas para soportar los cambios sociales de los nuevos tiempos.
Pude notar, por ejemplo, que desde hace tiempo invierten esfuerzos continuos y estructurados para producir vehículos de diferentes gamas: los tradicionales, los híbridos y los totalmente eléctricos. Así, ofrecen al cliente un abanico que atiende a diferentes necesidades y gustos. Y lo hacen en líneas de producción totalmente flexibles, con condiciones reales de adaptarse rápidamente a cualquier tipo de cambio, ya sea tecnológico o de consumo. Como debería ocurrir en todo tipo de empresa.
La noticia del cierre de esta fábrica lamentablemente no es la primera ni será la última. Aproveche para reflexionar: ¿su empresa tarda en cambiar, acumulando la necesidad de enormes ajustes, que a veces ya no son posibles, o realiza mejoras en flujo continuo? Este puede ser un factor decisivo para que no sea la próxima en tener un final dramático.