Elecciones municipales: los candidatos deben hablar más sobre “cómo” hacer las cosas
Con la proximidad de las elecciones para alcalde, los candidatos empiezan a hablar de sus planes de gobierno. Como era de esperar, por cierto. A la mayoría de los candidatos de los centros urbanos más avanzados se les ha presionado para divulgar sus programas y prioridades. Es decir, se les exige decir qué harían. En algunos casos, los programas incluso contienen metas bastante específicas.
Lo que necesitamos esperar, cada vez más, es una discusión más profunda también sobre el “cómo” se hará todo. Los programas están repletos de “qué”, pero, concretamente, se habla muy poco sobre “cómo” esos planes saldrán del papel y con qué recursos.
Todos quieren mejorar la educación, la salud, la movilidad, la infraestructura y la cultura, pero pocos hablan, por ejemplo, de la llamada “máquina administrativa”, es decir, de la capacidad actual de las alcaldías para gestionar sus procesos y de lo que necesitan hacer para mejorar sus capacidades de gestión.Pero tenemos que ir más allá de las promesas fáciles de decir y prestar más atención a quien muestre lo que se hará para sacarlas de los discursos y convertirlas en realidad.
Esto es gestión básica en las empresas. No se puede planificar sin dejar muy claro “cómo” se hará todo, demostrando que es viable, posible, factible. Y cómo se ejecutará. Además, es preciso identificar claramente cuáles son los problemas prioritarios que se deben resolver, analizar las “causas raíz” que generan ese problema, cuáles serán las acciones correctivas adoptadas y, tan importante como eso, cuál será el “plan de acción” que se pondrá en práctica, con todos los detalles pertinentes acerca de “cómo” se hará todo.
Cada ciudad – o incluso cada región – tendrá problemas diferentes que exigirán acciones específicas. Y los planes tendrán que ser reevaluados y ajustados, pues las cosas nunca ocurrirán totalmente según lo previsto.
Sería excelente que los políticos hablaran un poco más como gestores de los recursos públicos. Que demostraran sus planes de gobierno de modo más científico, explicando lo que se hará. Eso sería una gran contribución en estos tiempos de bajísima credibilidad de los políticos.
La racionalidad y la eficiencia deben ser temas incluidos en la discusión política, principalmente en el nivel municipal, el más cercano a los ciudadanos. Una mayor transparencia ayudará a educar a la sociedad en la toma de conciencia sobre la necesidad de una mejor utilización de los recursos.
Pero, como los candidatos no hablan de manera específica sobre cómo hacer y de dónde vendrán los recursos, el debate electoral y las decisiones de voto de los ciudadanos quedan mucho más centrados en una evaluación meramente personal de los candidatos, lo que contribuye a perpetuar la mala calidad de la gestión pública local.
Sabemos que “hacer promesas” para conquistar la atención y el voto del elector es una de las cosas más fáciles de hacer. Pero ¿cómo cumplirlas? ¿Es posible? ¿Cuánto costará? ¿De dónde se sacarán los recursos? ¿Hay recursos disponibles o será necesario aumentar los impuestos? ¿Quién exactamente lo hará? ¿Cuándo empezará? ¿Cuándo terminará? ¿Cuáles serán los plazos? ¿Quién se beneficiará? ¿Quién se verá perjudicado?
Las promesas de campaña son esencialmente estrategias de marketing político que buscan principalmente atraer al electorado y ganar votos.
Pero tenemos que ir más allá de las promesas fáciles de decir y prestar más atención a quien muestre lo que se hará para sacarlas de los discursos y convertirlas en realidad.
Esto es gestión básica en las empresas. No se puede planificar sin dejar muy claro “cómo” se hará todo, demostrando que es viable, posible, factible. Y cómo se ejecutará.
Además, es preciso identificar claramente cuáles son los problemas prioritarios que se deben resolver, analizar las “causas raíz” que generan ese problema, cuáles serán las acciones correctivas adoptadas y, tan importante como eso, cuál será el “plan de acción” que se pondrá en práctica, con todos los detalles pertinentes acerca de “cómo” se hará todo.
Cada ciudad – o incluso cada región – tendrá problemas diferentes que exigirán acciones específicas. Y los planes tendrán que ser reevaluados y ajustados, pues las cosas nunca ocurrirán totalmente según lo previsto.
Sería excelente que los políticos hablaran un poco más como gestores de los recursos públicos. Que demostraran sus planes de gobierno de modo más científico, explicando lo que se hará. Eso sería una gran contribución en estos tiempos de bajísima credibilidad de los políticos.
La racionalidad y la eficiencia deben ser temas incluidos en la discusión política, principalmente en el nivel municipal, el más cercano a los ciudadanos. Una mayor transparencia ayudará a educar a la sociedad en la toma de conciencia sobre la necesidad de una mejor utilización de los recursos.
Pero, como los candidatos no hablan de manera específica sobre cómo hacer y de dónde vendrán los recursos, el debate electoral y las decisiones de voto de los ciudadanos quedan mucho más centrados en una evaluación meramente personal de los candidatos, lo que contribuye a perpetuar la mala calidad de la gestión pública local.