Brasil necesita más "heijunka"
¿Conoce a esa persona que alterna cambios radicales de humor? ¿Que en un momento está feliz, alegre, en paz con la vida? ¿Pero que en el período siguiente se pone deprimida, triste, agresiva? A nadie le gusta eso, ¿verdad? Realmente es un problema para quien lo sufre y para quienes están a su alrededor. La psicología incluso califica este trastorno como una enfermedad muy seria llamada bipolaridad.
Las empresas, los sectores de la economía e incluso los países también pueden sufrir este mal. Este fenómeno viene ocurriendo con mucha intensidad en Brasil. Algunos datos concretos contribuyen a ello. La evolución del PIB brasileño de los últimos 20 años, por ejemplo, muestra una alternancia de buenos años de crecimiento intercalados con períodos significativos de caída.
En los años de FHC, por ejemplo, tuvimos años con aumentos del 2%, 3% e incluso 4%, pero alternados con aumentos muy bajos, como 0,4% y 0,5%. En los años de Lula, aunque hubo más años de fuerte crecimiento del PIB, con aumentos de hasta el 7%, como en 2010, también vivimos períodos malos, como en 2003, con poco más del 1% de aumento de la riqueza.
Y en el gobierno de Dilma, más altibajos todavía, con crecimientos de casi el 4% en 2011 y caídas brutales de casi el 4% negativo ahora en 2015 y 2016. Estos altibajos de la economía perjudican la vida de los ciudadanos y dificultan la planificación a largo plazo de las personas y de las empresas.
Para la gestión de las compañías, esta imprevisibilidad y falta de estabilidad trae grandes dificultades. El sistema lean enseña que una de las bases de la buena gestión es justamente lo contrario: la “estabilidad” y la nivelación, o heijunka, para usar la expresión japonesa. En la gestión lean, heijunka significa la nivelación del tipo y de la cantidad de producción durante un período fijo de tiempo. Esto permite que la producción atienda eficientemente las exigencias del cliente, al mismo tiempo que evita el exceso de inventario y reduce costos, mano de obra y lead time de producción en todo el flujo de valor.
Además, se trata de un concepto que dice que no es bueno crecer mucho en un período si en el momento siguiente viene una gran caída. Si eso ocurre, una cosa elimina a la otra, y hay, sí, estancamiento y mal aprovechamiento de los recursos, lo que genera períodos de ociosidad en ciertos momentos y presión en otros.
Vea, por ejemplo, el sector automotriz. Atravesó años y años de grandes crecimientos en ventas. En buena medida, con políticas gubernamentales que estimulaban un crecimiento artificial del sector mucho más intenso que el de la propia economía. Este crecimiento acelerado generó inversiones masivas para la ampliación de la capacidad productiva y la llegada de muchas empresas nuevas.
Ahora, sin embargo, el sector sufre pérdidas enormes, como la del año pasado, con una caída del volumen total de ventas de alrededor del 26%. ¿No habría sido mejor crecer de forma más equilibrada en los años anteriores, pero de forma perenne y sostenible, evitando este valle tenebroso que enfrentamos, con pérdidas millonarias, desempleo y quiebra de empresas, entre otros?
En este momento, se habla de exportaciones para minimizar las pérdidas. ¿No deberíamos tener siempre la preocupación de contar con volúmenes significativos de exportación para eliminar desequilibrios comerciales que puedan ser causados por importaciones de vehículos y componentes, necesarias para mantener la industria actualizada?
Pero tan importante como el heijunka económico es el heijunka emocional. Como nación, oscilamos desde la idea colectiva, en ciertos momentos de nuestra historia, de que somos una nación emergente y fuerte, con un futuro garantizado entre las naciones más desarrolladas y avanzadas del mundo, hasta, por el contrario, la percepción de que somos el peor país de todos y de que no hay futuro alguno a la vista.
No podemos oscilar entre visiones tan dispares, una triunfalista y otra depresiva. Necesitamos reconocer nuestra situación actual, tal como se presenta de forma realista, con datos y hechos. Y reconocer los graves problemas que tenemos en las esferas social, política y económica.
Con un diagnóstico profundo, identificando las causas de nuestros principales problemas, podemos empezar a pensar en alternativas sólidas para el crecimiento y el desarrollo. Brasil necesita más heijunka, más nivelación. Empezando por el heijunka emocional. No sirve de nada crecer mucho en un momento y, en el siguiente, perder todo lo conquistado. O entusiasmarse sin bases realistas y después desanimarse y enfurecerse.