¿Para qué sirve un alcalde? Primero, para definir un “norte verdadero”
En tiempos de extrema turbulencia política en el plano federal, es hora de pensar también en la próxima oportunidad que nosotros, los ciudadanos, tendremos para influir decisivamente en la vida política, a saber, la elección de un nuevo alcalde, que se aproxima en el calendario.
Entonces cabe preguntar: ¿para qué sirve un alcalde? ¿Qué debemos esperar de él o de ella?
Las legislaciones pertinentes definen una serie de papeles “tradicionales” para los alcaldes. Por ejemplo, según la Constitución Federal Brasileña y el Supremo Tribunal Electoral, corresponde al alcalde asegurar localmente la aplicación de la constitución, definir cómo se aplicarán los recursos provenientes de los impuestos y otros fondos transferidos por el Estado y por el Gobierno Federal, intermediar políticas públicas con otras esferas del poder, elaborar, aprobar o vetar proyectos de ley hechos en los concejos municipales, establecer alianzas con la iniciativa privada y, claro, implementar acciones que mejoren, en las ciudades, la movilidad, la educación, la salud, la seguridad, la ocupación del espacio urbano, la limpieza pública, los deportes, el ocio, etc.
Pero ¿de qué forma una mejor gestión, más “lean”, podría ayudar a los alcaldes a hacer todo esto de forma más eficiente?
En resumen, el papel central de un alcalde es crear las condiciones, los procesos y las estructuras para resolver y ayudar a resolver los problemas de una ciudad.
En este escenario, el primer papel de este nuevo líder sería, entonces, articular una “visión” – un “norte verdadero”, como decimos en el sistema lean – para el municipio, en el sentido de establecer hacia dónde quieren ir sus habitantes. Es decir, qué tipo de ciudad deseamos tener. Pero es preciso hacerlo fuera de las jergas oficiales, vagas y superficiales, que pueblan las administraciones municipales y que no orientan las acciones concretas.
En este contexto, el alcalde debe definir formas de identificar los anhelos, las opiniones y los deseos de los ciudadanos. Esto, sin embargo, debe hacerse con base en datos y hechos reales y en una comprensión propia de la realidad. Y no con base en visiones distorsionadas de publicistas o encuestas enfocadas en las elecciones, sino basándose en el contacto directo y en conocimientos más profundos.
Las ciudades pueden ser enormes o pequeñas. Pero en todas las situaciones es esencial que el alcalde vaya al “gemba”, el lugar donde las cosas suceden, para entender y ver con sus propios ojos lo que está ocurriendo. No logrará tener esta visión en las ceremonias oficiales, cuyo propósito muchas veces es puramente publicitario, sino “in loco”, viendo por sí mismo lo que está sucediendo, cuáles son los problemas y las necesidades reales. Salir de los despachos es esencial, pero con humildad para escuchar y con sentido crítico para entender.
Dentro del sistema lean, la definición de este “norte verdadero” es esencial. En este modelo de gestión, hay quienes creen que, si intentamos ir a varios lugares al mismo tiempo, no saldremos del lugar.
Claro que, al hacerlo, es preciso incorporar los intereses de la mayoría de la población y de los ciudadanos y crear situaciones de convergencia que sean lo más beneficiosas posible para todos.
Definir hacia dónde queremos ir significa, evidentemente, definir hacia dónde no queremos ir. Por lo tanto, son opciones muchas veces difíciles. Posiblemente, no se pueda resolver todo para todos de inmediato.
A partir de ahí, es necesario entender dónde estamos hoy, es decir, cuál es la realidad concreta que tenemos actualmente respecto de los temas, los problemas y las necesidades centrales de una ciudad.
Se trata aquí de un cambio profundo de paradigma de gestión en relación con lo que los alcaldes están acostumbrados a seguir. Los “políticos profesionales” muchas veces temen reconocer públicamente los problemas, prefiriendo ignorarlos o enmascararlos cuando están en el gobierno o sobrestimarlos cuando están en la oposición.
Esta situación necesita cambiar. Todos necesitan reconocer la existencia de los problemas de la ciudad, pues es el primer paso para resolverlos. Lo que puede cambiar son las diversas estrategias de resolución y las acciones que deberán tomarse.
Barrios sin pavimentar. Calles llenas de baches. Movilidad inadecuada. Salud y educación precarias. Inundaciones todos los años. Semáforos rotos. Drogadictos en las calles... Basta con ver. O con querer ver. Todo esto necesita ser reconocido por todos – el alcalde en primer lugar – para que se pueda actuar de manera efectiva.
Esto ayudará a definir claramente los principales problemas y necesidades. Son tantos que es necesario elegir, priorizar. Esto significa que algunos no tendrán tanto foco y atención en un primer momento. Los criterios para definir esto son esenciales. Criterios como cuáles son los problemas de mayor impacto, los más relevantes, los más fáciles y rápidos de resolver de inmediato... o algún otro criterio. Esto es esencial.
A partir de la definición de los principales problemas, el alcalde debe procurar desarrollar un proceso para resolverlos, tanto a partir de la estructura de la que es responsable, la alcaldía, como de los demás “actores sociales” involucrados.
Es bastante probable que la alcaldía necesite desarrollar su capacidad para resolver los problemas. Y articular un proceso con otros actores sociales y con otros niveles de gobierno para estas soluciones.
Dentro de este contexto, corresponderá al alcalde liderar la creación de procesos de gestión más ágiles y eficientes. Necesita desarrollar mejores métodos y prácticas de administración pública, eliminando burocracias, buscando el desarrollo de carrera de los colaboradores y creando oportunidades de aprendizaje, capaces de hacer que los trabajos estén más alineados con las necesidades de los ciudadanos.
En este sentido, tal vez lo más difícil sea el cambio de la mentalidad actual con relación a los objetivos e intereses de partidos o de grupos específicos frente a los deseos y necesidades de los ciudadanos. Mientras no quede claro que lo segundo debe prevalecer, habrá poco progreso. Un énfasis en la transparencia y un mayor enfoque en costos y beneficios serán esenciales.
Así, el alcalde necesita ser capaz de liderar la ciudad en busca de un futuro mejor. Como nuestra visión tiende a tener una fuerte connotación gerencial, muchos podrán argumentar que existe un dilema entre el “político” y el “gerente”. Para nosotros, el alcalde tiene que ser ambos al mismo tiempo.
De esta forma, al asumir estos dos papeles, deberá definir el “norte verdadero”, movilizar apoyos y articulaciones, disponer de métodos científicos de resolución de problemas, definir metas y acciones... Y ejecutar todo esto, verificando lo que está funcionando y lo que no.
No debe ser un supermán o una supermujer. Pero sí desarrollar la capacidad de las estructuras existentes, crear nuevas o eliminar las innecesarias, para resolver problemas. Uno a la vez. Con método científico.
En los próximos meses, contribuiremos con más ejemplos concretos de lo que necesitamos hacer para que la gestión municipal sea más eficaz y del papel del líder número uno de las ciudades, los alcaldes.
Los recursos recaudados a través de los diversos impuestos y tasas deben estar orientados a garantizar la mejor utilización posible, evitando desperdiciarlos en actividades que poco interesan a los ciudadanos.
Es evidente que muchos de los problemas de las ciudades están ligados a las esferas federal y estatal del poder ejecutivo y a otros actores económicos y sociales. Es decir, hay problemas que dependen exclusivamente de las alcaldías (como la limpieza pública, la gestión del espacio físico, etc.). Otros en los que ellas tienen un papel fundamental (movilidad, educación, salud, seguridad...). Y otros en los que apoyan la resolución (oportunidades de empleo...).
La enorme insatisfacción que amplios sectores de la población han mostrado con los gobiernos, en las diversas instancias, y también con el poder legislativo, los dos niveles de poder elegidos directamente por el voto popular, muestra que es necesario repensar estas instancias de decisión política y de ejecución gerencial.
Así, comenzar a dar los primeros pasos en la construcción de un futuro mejor significa avanzar en la definición de lo que se espera de los próximos ejecutivos “número uno” de nuestras ciudades.
Si queremos establecer un nuevo tipo de gobierno, más eficaz y transparente, comenzar en el plano municipal, más cercano a los ciudadanos, puede ser un buen paso.
Construir un futuro político mejor está en nuestras manos, comenzando por la elección de los nuevos alcaldes.