El producto brasileño también es caro por la gestión tradicional

Un estudio que acaba de publicar Abimaq (Asociación Brasileña de la Industria de Máquinas y Equipos) confirmó una vez más una realidad que mucha gente que actúa en el mundo corporativo ya conoce desde hace mucho tiempo: el producto brasileño, fabricado por las empresas en Brasil, es “caro” y, por lo tanto, enfrenta mayores dificultades para destacarse en medio de la fuerte competencia del mercado internacional.
Según la investigación que acaba de publicarse en los medios, un producto fabricado en Brasil es un 30% más caro que el mismo producto hecho, por ejemplo, en EE. UU. o en Alemania.
Algunas razones de peso para esa baja competitividad también son conocidas: el llamado “costo Brasil”. Son aquellos factores que cotidianamente – e inevitablemente – impactan las operaciones de cualquier compañía en el país, generando costos y más costos que encarecen la producción sin agregar ningún valor a los clientes.
Por ejemplo, la mala gestión pública, que poco estimula y mucho dificulta los negocios con la conocida burocracia brasileña. Los pesadísimos impuestos que impactan los costos y, en general, no le dan retorno a la sociedad. Nuestra logística precaria, con carreteras, puertos y aeropuertos que son, muchas veces, verdaderas pesadillas para quien produce...
Son factores penosos y que son “externos” a las organizaciones. Es decir, son barreras de las que las empresas no logran librarse. Pero hay que recordar que existe un factor “interno” en muchas compañías que también contribuye a ese atraso: la “gestión tradicional” que todavía persiste y que se suma negativamente al “costo Brasil”.
La gestión lean ya ha demostrado que todo proceso productivo, sea cual sea, está repleto de actividades que no agregan valor al producto final que se ofrece a los clientes. Son los llamados “desperdicios” que, aunque no agregan ningún valor a lo que se está produciendo, representan costos que encarecen inútilmente la producción y hacen que la empresa sea menos competitiva.
El problema es que la mayoría de las veces esos desperdicios quedan “invisibles” a las miradas poco atentas de las organizaciones que insisten en la visión tradicional de gestión. Son aquellas empresas cuyos líderes, por ejemplo, solo piensan en “qué” o “en qué cantidad” producir y olvidan que tan importante como “producir”, o más, es “cómo producir”.
Se trata de una mentalidad muy diferente de la gestión lean, en la que todos son estimulados, cotidianamente, a mirar los procesos, su trabajo diario, con mirada crítica. Para identificar oportunidades de eliminar desperdicios o de hacer las actividades mejor de lo que ya se han hecho. Una compañía que cultiva esa mentalidad elimina costos en todo momento.
Un ejemplo muy evidente de esto ocurre cuando una organización que comienza a adoptar el sistema lean pone en práctica una “herramienta” lean que llamamos “Mapeo del Flujo de Valor”.
Se trata de un “mapa” elaborado sobre determinado proceso, que generalmente revela una serie de actividades que ocurren, pero que son inútiles: retrabajos, defectos en los procesos, desperdicios de tiempo, de espacio, etc.
Al eliminar esas actividades, la empresa, en la gran mayoría de los casos, aumenta enormemente la productividad y elimina costos en proporciones enormes, llegando en algunos casos a más del 50%, lo que obviamente tenderá a hacer más competitivo su producto final.
O cuando, en otro ejemplo, las compañías hacen lo que llamamos “kaizens”, acciones de mejora inmediata en los procesos productivos, lo que rápidamente hace el trabajo más ágil, más económico, más generador de valor...
Y hay diversas otras prácticas y conceptos de cambio de gestión que, sin necesidad de grandes inversiones, “solo” cambiando la forma de trabajar, logran efectivamente eliminar desperdicios y, así, movilizar a todos en la búsqueda de una mayor agregación de valor y satisfacción de los clientes, haciendo el producto más competitivo.
Es realmente algo insostenible nuestro llamado “costo Brasil” (la burocracia pública, los impuestos altos y muchas veces inútiles, nuestra logística precaria...). Y esperamos que los nuevos gobernantes incluyan entre sus prioridades acciones que, de hecho, eliminen esas trabas que dificultan el crecimiento de las organizaciones.
Pero también debemos ser honestos y reconocer que tenemos que hacer con más intensidad nuestra “tarea”, para ser más competitivos. Las empresas pueden atacar con más énfasis sus costos generados por los desperdicios internos, por procesos productivos deficientes.
Solo sumando los dos factores (la reducción del costo Brasil, que pasa por la eficiencia del Estado, y la reducción de las ineficiencias internas en las empresas, con una gestión más eficaz) avanzaremos hacia un país más competitivo en el escenario internacional.