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El papel de un educador lean

¿Qué significa realmente enseñar lean? La autora reflexiona sobre esta cuestión y comparte algunos consejos sobre cómo involucrar con éxito a los aprendices en distintos entornos.
El papel de un educador lean

¿Qué significa ser un educador lean?

Como profesora adjunta de una de las principales universidades de Italia, esta es una pregunta sobre la que reflexiono con mucha frecuencia. Para mí, cualquier persona que enseñe a otros el pensamiento y la práctica lean es un educador lean – esto incluye a los propios profesores, como yo, pero también a los gerentes y a los coaches.

Es importante que no olvidemos que todos somos también aprendices y que nos esforzamos por ser lean. Esto significa vivir y respirar los principios todos los días, comenzando por garantizar que las necesidades de nuestros clientes (también conocidos como nuestros alumnos) sean siempre el foco.

Esto, sin embargo, requiere una claridad absoluta sobre a quién estamos enseñando, ya que los desafíos que encontraremos como educadores varían mucho según quién esté frente a nosotros.

¿A QUIÉN ESTAMOS ENSEÑANDO?

Es fundamental que nosotros, los educadores, entendamos verdaderamente a quién vamos a enseñar si realmente queremos tener un impacto en nuestros alumnos. Hasta ahora, me he acostumbrado a enseñar principalmente a dos tipos de alumnos: estudiantes de maestría y ejecutivos de empresas. ¡Las dos experiencias no podrían ser más diferentes!

Enseñar a los estudiantes en una universidad nos da la oportunidad de moldear su pensamiento, que en la mayoría de los casos está libre de restricciones y prejuicios. Sin embargo, al intentar enseñar lean en una organización, normalmente nos encontramos con culturas establecidas desde hace mucho tiempo y formas de pensar aparentemente inquebrantables. Cualquier persona que haya participado en una transformación lean conocerá la dificultad de cambiar corazones y mentes y, por lo tanto, entenderá la importancia de la educación lean en las empresas.

Para mí, ambos papeles son críticos. Ya sea que estemos cambiando mindsets o moldeando otros nuevos, nuestro papel como educadores lean no podría ser más importante. El futuro de nuestra comunidad depende de nuestra capacidad de entusiasmar a las personas con el lean y ayudarlas a comprenderlo.

La dificultad de lograr que los alumnos absorban y adopten el lean no es la única diferencia entre enseñar a estudiantes universitarios y a ejecutivos de empresas. También hay una cuestión generacional que se manifiesta aquí: los estudiantes universitarios suelen ser Millennials, mientras que los ejecutivos son, la mayoría de las veces, Baby Boomers o de la Generación X. Cada uno tiene su propia manera de aprender. Y como si eso no fuera lo suficientemente difícil, ahora tenemos una nueva generación (la Generación Z) llamando a nuestra puerta. Con ellos, podemos esperar un juego completamente diferente.

Las personas de la Generación Z aprenden rápido. Son emprendedoras y conscientes del medio ambiente. Están muy involucradas y esperan respuestas inmediatas. Nacieron en la era digital y, por lo tanto, dominan increíblemente la tecnología (y probablemente nunca han pisado una biblioteca). Su problema es que tienden a tener una capacidad de atención muy corta – 8 segundos en promedio (¡un pez dorado, en comparación, tiene 9 segundos!) –, algo que también nos está sucediendo cada vez más a nosotros, a medida que la tecnología (y las redes sociales) influye más en nuestro día a día. Esto nos está obligando a repensar la manera en que enseñamos.

¿CÓMO ENSEÑAMOS EL LEAN?

Dados los cambios drásticos que está sufriendo nuestra sociedad, ¿podemos usar métodos de enseñanza antiguos para enseñar a las nuevas generaciones de alumnos? ¿Y podemos esperar resultados positivos si lo hacemos? Creo que es crucial adaptar nuestro método de enseñanza a las circunstancias en constante cambio que nos rodean. Necesitamos innovar para reflejar el dinamismo de nuestra sociedad.

Una forma de enseñar establecida recientemente es mediante el video, y creemos que esta tendencia se mantendrá en el futuro. Los individuos de la Generación Z pasan hasta 10 horas al día usando tecnología, y buena parte de ese tiempo lo dedican a ver videos. El setenta por ciento de ellos dice que el video les ayuda a aprender. Sin mencionar el hecho de que su corto período de atención exige mensajes simples y rápidos, algo que el video hace muy bien.

El contenido que enseñamos también necesita cambiar. Una vez más, el lean viene en nuestra ayuda. Hace algunos años, cuando la digitalización y la Industria 4.0 se convirtieron en algunos de los temas más populares en las salas de dirección y en los entornos académicos, las personas se convencieron de que los datos arreglarían el mundo. Dé datos a las personas, y tendrán éxito. Los datos – el Santo Grial que resolverá todos los problemas de nuestra empresa. El problema es que la humanidad tiene acceso a tanta información hoy en día que se está volviendo imperativo encontrar la manera de no ahogarse en ella. No basta con recopilar datos; necesitamos recopilar datos valiosos. ¿Quién necesita esta información? ¿Por qué? ¿En qué formato? No tiene sentido dar información a alguien que no la necesita. El pensamiento lean crea pensadores críticos y buenos tomadores de decisiones y nos enseña qué información necesita quién, cuándo y por qué. El verdadero Santo Grial es usar los datos de manera inteligente para resolver problemas sociales. Creo que aquí hay grandes lecciones que aprender para nosotros, los educadores, ya que se nos pide diseñar planes de estudio o desarrollar una capacitación para una empresa.

Si queremos impactar el mundo de manera significativa, nuestro enfoque de enseñanza también necesita volverse más holístico. Aunque mi foco principal como profesora es el desarrollo de productos lean, también enseño a mis alumnos sobre la economía circular, la gestión del ciclo de vida del producto y la startup lean.

También necesitamos cambiar la manera en que involucramos a los alumnos. Los juegos siempre han funcionado muy bien (uso un juego con LEGO para enseñar a mis alumnos sobre la ingeniería concurrente basada en conjuntos y otro juego llamado “El Juego de la Percepción del Ciclo de Vida” para enseñarles sobre el ciclo de vida de los productos), pero no son el único camino. También creo que ir al gemba ayuda mucho: por ejemplo, cada año llevo a ejecutivos en un viaje de aprendizaje a Japón para ayudarlos a apreciar diferentes aspectos del pensamiento lean que no podrían presenciar en sus lugares de trabajo.

Por último, pongo mucho énfasis en aprender haciendo. Quedaron atrás los días en que el profesor se paraba frente a la pizarra y hablaba a los alumnos sin parar durante una o dos horas. Para garantizar que los alumnos sigan interesados (y despiertos), es necesario mantenerlos activamente involucrados en actividades prácticas. Al inicio de mi curso, por ejemplo, formo un equipo de estudiantes y pido a cada miembro que elija una función, como si formara parte de un equipo “multifuncional” en una empresa. Luego les planteo un desafío (“Creen un producto que facilite la vida de Monica – una profesora ocupada que siempre está viajando”) y les pido que preparen un prototipo de un producto. A lo largo de las clases, enseño a todos los conceptos que necesitan, pero también les pido que los pongan en práctica. Creo que es una forma mucho más eficaz de enseñarles: involucra, entretiene y ayuda a los alumnos a aprender del trabajo y de los errores.

La figura del educador lean es muy diversa. Pero hay algo que todos tenemos en común: el desafío de encontrar la mejor manera de enseñar a nuestros alumnos y convertirlos en pensadores lean. Es importante que sigamos conversando sobre cómo podemos hacerlo mejor. Acompáñeme en la Conferencia Europea de Educadores Lean en Milán, del 11 al 13 de noviembre – todos son bienvenidos, desde académicos hasta CEOs, desde coaches hasta consultores.

Este artículo fue publicado originalmente en: Planet Lean

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