Al igual que en las empresas, el debate electoral debe enfocarse en las causas y no solo en los síntomas

Cada elección es siempre lo mismo. Se definen los candidatos, comienzan los debates, se inicia la franja electoral obligatoria, y los aspirantes al cargo más alto de la nación no pierden oportunidad de hablarle al público sobre cómo pretenden resolver los problemas que más nos afligen a todos: la violencia y la falta de seguridad, la salud pública precaria, la educación deficiente, el desempleo cada día mayor...
En este contexto, también se repite otro fenómeno: los candidatos, independientemente de sus partidos o ideologías, centran sus discursos mucho más en los “síntomas” de los problemas, pero discuten poco o nada sobre las “causas raíz” que generan esos males. Las propuestas para resolver efectivamente esas causas raíz, entonces, brillan por su ausencia.
Se trata de un error básico de nuestra discusión política: ver los problemas solo por el lado perceptible, el que sentimos en carne propia, sin analizar las razones ocultas, que permanecen inmunes a las soluciones aparentemente fáciles.
Es el caso, por ejemplo, de los discursos sobre seguridad y salud pública.
En el primero, no faltan tribunas que prometen más policía en la calle, más cárceles, más aparatos de represión y similares. Claro que se necesitan acciones de contención que protejan a la población frente a la situación calamitosa a la que hemos llegado. Pero casi ningún candidato hace hincapié en otras acciones que realizará para evitar esa situación. ¿Vamos solo a aumentar indefinidamente la represión? ¿Es esa la manera correcta de hacer que disminuya la criminalidad?
Para ello, sería necesario discutir mucho más sobre las causas raíz - la miseria, los jóvenes sin perspectivas, el crimen organizado, el flujo de armas, etc. - y las formas de solucionarlas. En la sociedad, este debate pasa por el control del tráfico de armas en las fronteras, la desarticulación de las organizaciones criminales y de sus formas de financiamiento, las acciones necesarias en las comunidades que den perspectivas educativas, culturales y laborales a los jóvenes, etc. Pocos candidatos presentan planes detallados en ese sentido.
En muchas empresas ocurre un fenómeno parecido. En ellas, los líderes y especialistas perciben los problemas, pero muchas veces se dedican solo a los síntomas, adoptando soluciones superficiales, centradas en lo aparente.
En el sistema lean, jamás se pone el foco en el síntoma de un problema, sino que se busca entender la causa raíz que está generando la situación. A partir de ahí, se intenta elaborar una contramedida definitiva para eliminar la fuente y resolver definitivamente la cuestión.
Volviendo al debate electoral, si analizamos la discusión sobre la salud pública (otro tema recurrente), vemos algo similar: el foco predominante en los síntomas. Gran parte de los discursos apuntan a más hospitales, más centros de salud, más equipos, etc., lo que sin duda es una parte importante de la ecuación. Pero pocos abordan la cuestión de la mala utilización de lo que ya existe: hospitales sin materiales, carencia de médicos, disparidades regionales, etc.
De nada servirá tener más estructura si esta sigue con sus enormes ineficiencias. Una vez más, queda en segundo plano la discusión de las causas raíz y de las formas de enfrentarlas, como la formación de médicos y paramédicos y los incentivos para que atiendan todas las regiones, la optimización de los procesos de gestión y suministro de la cadena de atención, la modernización de los flujos de conexión de los pacientes con los proveedores, un mayor enfoque en la salud preventiva, etc.
Centrarse en los síntomas es una tendencia muy común en nuestro país. Los candidatos lo hacen posiblemente porque así el discurso resulta más fácil y conmovedor, sin comprometerse con análisis y propuestas más profundos. Las empresas, porque nacieron y crecieron bajo visiones tradicionales de gestión, buscan acciones inmediatas sin analizar bien antes el porqué. Es necesario cambiar ambos fenómenos.
Por eso, cuando esté viendo la franja electoral en la TV y los debates, intente analizar si lo que se dice allí es solo algo paliativo, centrado en los síntomas, o si se presentan propuestas basadas en un buen análisis de las causas, de modo que los problemas se resuelvan de raíz. Y lleve esa mentalidad a donde usted trabaja.
Si todos actuaran así, dejaríamos de “secar hielo”, que es la sensación que tenemos cuando discutimos eternamente los síntomas de los mismos problemas sin superarlos nunca.