La filosofía lean también puede cambiar la educación brasileña; las empresas y toda la sociedad ganarían mucho con ello

El desarrollo de la capacidad de resolver problemas es uno de los pilares de la filosofía lean. Lograr que todos sepan identificar, definir y resolver fallas y errores en las empresas por medio del método científico es más importante que simplemente copiar las herramientas, que fueron creadas para situaciones específicas.
Recibimos con frecuencia solicitudes de compañías para que las ayudemos a desarrollar esta habilidad en diversos niveles: liderazgo, gerencia media y operadores.
Percibimos que el gap es enorme. Casi todos tienen una enorme tendencia, al enfrentarse a una dificultad, a intentar saltar a la solución sin entender qué problema quieren resolver. Sin un mínimo de comprensión de la situación actual, porque no recopilan hechos y datos. Esto genera un gran desperdicio, con acciones en general de alto costo que no resuelven los problemas y que se repiten indefinidamente.
¿Por qué ocurre esto?
Antes que nada, por una cuestión de formación.
Analicemos, por ejemplo, a los profesionales de nivel universitario. Las empresas reciben personas que vienen de un modelo de enseñanza universitaria cuyas bases se establecieron hace más de un siglo y reflejan las prácticas de la administración científica de Taylor.
Este modelo anticuado utiliza contenidos estandarizados, entregados en lotes, en los que las áreas de conocimiento se tratan de la misma forma que los silos organizacionales, prácticamente sin interacciones entre disciplinas. El foco es el profesor, que transmite información de forma unidireccional, basándose en conocimiento generado muchas veces décadas atrás.
Esto es lo que el educador brasileño Paulo Freire, uno de los más respetados del mundo, llamó “educación bancaria”, en el libro “Pedagogía del oprimido”. Es aquella en la que el profesor se coloca en un nivel superior y “vierte” contenidos en el alumno, que es visto como una especie de “repositorio” que debe absorberlo todo, sin sentido crítico.
Esto funcionaba razonablemente hace un siglo, cuando la velocidad de evolución del conocimiento era mucho menor que hoy en día. El profesional aprendía a reproducir una técnica, y esta se usaría de esa manera, posiblemente durante toda su vida profesional, con poca evolución.
Pero hace mucho tiempo que ese cuadro cambió - y cambia cada vez más rápidamente. Los conocimientos que el alumno necesitará y los problemas a los que estará expuesto a lo largo de su vida profesional están en constante evolución y exigen cada vez mayor multidisciplinariedad.
Pues bien, los profesionales llegan a las empresas con esa formación antigua. ¿Y qué ocurre? Las empresas intentan suplir esa deficiencia e invierten en programas de desarrollo, pero que en su mayoría reproducen el mismo modelo especializado, en silos.
Cuando las compañías inician su transformación lean, queda en evidencia cuánto necesitan cambiar en este juego, desarrollando verdaderos solucionadores de problemas. Y perciben cuánto tiempo e inversión va a demandar esto. Las empresas siempre necesitarán invertir en formación continua, pero lo que han hecho se asemeja más a un gran retrabajo.
Desde hace mucho se discuten, en los medios académicos y educativos, modelos que buscan una educación más adecuada a los nuevos tiempos. Son ideas como el foco en el proceso de aprendizaje del alumno, la flexibilidad para situaciones y necesidades diversas, el desarrollo de habilidades para buscar y generar nuevos conocimientos, mucho más que para repetir ideas antiguas, la ruptura de los silos disciplinarios y el uso de proyectos horizontales de solución de problemas concretos, etc. Existen experiencias interesantes, pero lamentablemente todavía son excepciones. El grueso de la formación continúa en el modelo tradicional.
El cambio de esta situación depende de la suma de muchas fuerzas de la sociedad. Exige de las instituciones de enseñanza una profunda reflexión sobre la forma y el contenido que se imparte a los alumnos y una mayor integración con la sociedad en la que actuarán. Lo que, por cierto, traería como consecuencia una mayor empleabilidad. De los empleadores, sean empresas, organizaciones gubernamentales u ONG, exige un mayor acercamiento a las instituciones de enseñanza para que, al estilo lean, pasen a “jalar” demandas reales de lo que necesitan en sus profesionales.
Nosotros, la comunidad lean, necesitamos participar más activamente en este debate, contribuyendo con acciones concretas. Podemos ayudar con diversos conceptos lean que, discutidos en una interacción más intensa entre empresas y academia, podrían aportar buenas ideas.
Por ejemplo, imagine que el concepto de flujo de valor se aplicara sistemáticamente a la planificación de la formación específica de cada alumno, con su participación efectiva. Jeffrey Liker y Michael Hoseus, en el libro Toyota Culture, presentan este concepto aplicado al desarrollo de personas. El análisis buscaría identificar y eliminar todo lo que no agregara valor a ese objetivo, es decir, el desperdicio. Ciertamente, este análisis mostraría que muchas actividades en la vida de un alumno durante su carrera necesitan modificarse o suprimirse.
En las empresas, conocemos la revolución que ocurre cuando aplicamos el concepto de hoshin kanri a la planificación estratégica, que rompe los silos organizacionales y genera un proceso intenso de alineación horizontal y vertical. Los planes de estudio actuales demuestran claramente que fueron concebidos verticalmente, dentro de áreas de conocimiento estancas. La planificación de planes de estudio flexibles, con una fuerte integración horizontal, podría inspirarse en las metodologías del hoshin.
Lo que realmente marcaría la diferencia sería el cambio completo del método. En lugar de repetir conocimientos de forma unidireccional, sería mejor proponer necesidades reales para que los alumnos las resolvieran, desarrollando verdaderos solucionadores de problemas con un método científico estructurado, usando PDCA y pensamiento A3, y creando un sistema pull, en el que ellos, los estudiantes, buscarían los conocimientos necesarios. Lo harían yendo directamente al gemba (donde las cosas suceden) en empresas, ONG, etc. Este sería el motor para impulsar la capacidad productiva y acelerar la innovación tecnológica en nuestro país.
Este concepto no es nuevo en la educación. Está, por ejemplo, en las teorías de la llamada “pedagogía activa” o “aprendizaje activo”, que entienden al alumno ya no como un simple “receptor” de conocimientos, sino, en cambio, como un “buscador” que necesita ir, él mismo y de forma muy comprometida, en busca del conocimiento que necesita. Pero este enfoque encuentra todo tipo de dificultades para utilizarse extensivamente.
Una de las mayores dificultades se encuentra en la forma en que funcionan las estructuras y los incentivos académicos, que refuerzan el individualismo del profesor, orientado a progresar en una carrera dentro de una trayectoria especializada. Dedicar tiempo a repensar la enseñanza e intensificar acciones horizontales no son aspectos valorados en los mecanismos de evaluación actuales. Los procesos de trabajo tendrían que cambiar; por ejemplo, con prácticas de células multidisciplinarias de enseñanza-aprendizaje y quizás con evaluaciones de profesores y alumnos en ciclos más cortos, al estilo de las metodologías ágiles aplicadas en el mundo digital.
Todo esto ciertamente exigiría una nueva definición del papel de los profesores, que tendrían que formarse para un nuevo estilo de actuación. Deberían actuar mucho más como coaches, orientando la formación de los alumnos, proponiendo problemas y actuando de la misma forma en que los líderes lean necesitan actuar: sabiendo hacer las preguntas correctas, que ayudarán al orientado a razonar y buscar sus respuestas.
Presentamos estos ejemplos refiriéndonos a la educación superior. Pero si pensamos en la educación básica, sería necesaria una revolución. Diversos datos muestran que la calidad de la enseñanza viene cayendo cada vez más en nuestro país, y ciertamente varios aspectos discutidos anteriormente también se aplicarían a la enseñanza primaria.
Estas son solo reflexiones que esperamos sirvan como invitación para que todos piensen y actúen más sobre el tema. Muchas otras ideas similares podrían salir a la luz. Por ejemplo, ¿cómo puede el pensamiento lean contribuir a la transformación de la educación? ¿Cómo puede la comunidad lean interactuar más con la academia, en la búsqueda de modelos que desarrollen profesionales para el futuro, enfatizando la habilidad de resolver problemas cada vez más complejos? ¿Cómo puede su empresa desarrollar programas en alianza con universidades, que permitan que proyectos reales de resolución de problemas se inserten en la formación y aporten innovación?
Si la comunidad lean no dedica más atención a cuestiones como estas, seguiremos quejándonos eternamente de la formación de los profesionales que recibimos. Y también tendremos que seguir intentando retrabajar la formación de los profesionales mediante un enorme esfuerzo dentro de cada empresa, con grandes desperdicios para toda la sociedad.
Diversas evidencias ya han comprobado que no existe una nación desarrollada y con bienestar social sin educación de calidad para toda su población. Brasil, lamentablemente, está estancado desde hace mucho tiempo en este tema, e incluso ha retrocedido en algunos aspectos. Con certeza, los conceptos y las prácticas lean pueden aportar elementos que contribuyan al debate y a las iniciativas existentes, con miras a la evolución de esta situación.