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Sistema pull nivelado: adaptabilidad para tiempos inciertos

Mejorar la flexibilidad reforzando el just-in-time es hoy la respuesta más rápida y adecuada a mercados cada vez más impredecibles.

La palabra del momento es incertidumbre. Los entornos de negocios ya venían mostrando dinámicas de cambio cada vez más rápidas. Con la pandemia, la volatilidad se aceleró. Las empresas enfrentan una verdadera montaña rusa en términos de previsibilidad. Meses que alternan parada y reanudación; optimismo y frustraciones. Algunos sectores crecen como nunca; otros, con sus formas de actuar casi extintas, exigen cambios drásticos en “qué” y en “cómo” ofrecer al mercado.

Tras un largo período de baja producción, varios sectores sufrieron o aún sufren en este inicio de año la falta de insumos, fruto de la incapacidad de los proveedores para atender la reanudación de la demanda en algunas áreas.

Siempre que ocurren estas alteraciones en las cadenas de suministro, resurgen las discusiones sobre cómo organizar la producción: ¿con la visión tradicional, de un sistema empujado, tratando de protegerse con grandes lotes y más inventarios? ¿O reforzando un sistema jalado (pull) y la producción just-in-time (JIT)?

Esta discusión es importante no solo en entornos de producción, sino también en empresas de servicios, donde el sistema empujado es menos visible, pero también ocurre a través de procesamientos represados en fechas específicas y desconexiones de ritmo entre áreas.

La filosofía lean adopta claramente el JIT, que es uno de sus pilares. Sin embargo, por increíble que parezca, después de tantos años de uso de este sistema con resultados en los entornos más variados, muchas compañías todavía utilizan total o parcialmente el sistema empujado.

Vale la pena, por lo tanto, recordar las diferencias entre los sistemas empujado y jalado y la importancia de este último, principalmente en escenarios de incertidumbres crecientes.

El sistema empujado es aquel en el que la organización procesa grandes lotes de servicios o de productos, generalmente al máximo de su capacidad, tomando como base una previsión de demanda, sin tener en cuenta las variaciones reales del proceso siguiente.

Ahí es donde está el peligro: la dificultad de las previsiones, cada vez más inciertas. Imagine una empresa que tiene cientos de variaciones de productos dentro de una determinada categoría.

El crecimiento de la categoría en su conjunto incluso presentaba cierto grado de acierto en las previsiones (hoy ni siquiera eso), pero la locura del sistema empujado es intentar “adivinar” cuánto se venderá de cada tipo específico de producto y, peor aún, mandar producir esas cantidades esperadas en grandes lotes mensuales.

Por supuesto, eso nunca funciona, y genera elevados inventarios de productos que se vendieron menos de lo previsto y la pérdida de ventas de otros que faltaron. Parte de la capacidad de producción se desperdició en fabricar productos que no eran los que los clientes querían. La respuesta de la cultura del sistema empujado es aumentar todavía más los inventarios, ya sea de productos terminados, en proceso o de materias primas, lo que genera desperdicios adicionales.

Estos males del sistema empujado siempre fueron conocidos, pero es importante recordarlos. Si estas dificultades ya ocurrían en mercados con cierta previsibilidad, ¡imagine frente a las incertidumbres crecientes!

La filosofía lean, en cambio, adopta supuestos completamente diferentes a través de la producción JIT, que tiene tres elementos.

El primero de estos elementos es el concepto de tiempo takt, es decir, el ritmo al que el cliente demanda productos de una determinada familia. Más que una previsión, es un compromiso entre ventas y producción. Y sirve principalmente para la planificación de la capacidad productiva y para la alineación de los ritmos de fabricación, movimiento y entrega en toda la cadena productiva, dentro y fuera de la empresa.

 El flujo continuo es el segundo elemento, lo que significa producción en celdas flexibles que generan diferentes tipos de productos de esa familia, en lotes pequeños y con lead times cortos. Este es un cambio fundamental, obtenido mediante la aplicación de diversas herramientas lean, como el setup rápido, que dan flexibilidad para que el sistema pueda responder con prontitud a las variaciones de la demanda.

Todavía dentro del JIT, tenemos como tercer elemento el sistema jalado (pull), mediante el cual un proceso indica a sus proveedores exactamente lo que necesita, con base en el consumo real de sus clientes, internos o externos. Complementa el concepto de sistema jalado el principio de nivelación, o heijunka, mediante el cual se busca una alineación de mix y volumen, lo que aporta estabilidad y elevada productividad.

Estos son conceptos técnicos, ampliamente disponibles en la literatura (por ejemplo, en el libro Creating Level Pull, de Art Smalley), y pueden aplicarse en cualquier entorno de negocios.

La esencia es bastante simple: algo solo se produce o se mueve si ocurre un consumo real. Esto se aplica a la reposición de productos terminados, entre procesos y en la cadena de proveedores. De esta forma, el sistema se ajusta a las variaciones reales de la demanda y está mucho más cerca de lo que sus clientes desean.

Por supuesto, las variaciones bruscas en la economía en su conjunto también afectarán a las empresas que adoptan la producción jalada y nivelada, pero la capacidad de adaptarse a los cambios será mucho mayor y ocurrirá con más rapidez. Esa es la esencia de lo que se puede llamar una compañía “ágil”.

Aprendemos cada día que los cambios sociales inesperados y rápidos transforman radicalmente los mercados. Los grados de incertidumbre aumentan cotidianamente. Los públicos se diversifican, se transforman y cambian sus necesidades, preferencias y deseos a velocidades nunca vistas.

Así, ser una organización cada vez más “adaptable”, en todos los sentidos, es una de las cualidades más estratégicas que se pueden tener.

El perfeccionamiento de un sistema de producción y entrega de productos y servicios que sea jalado y nivelado, a lo largo de toda la cadena de suministro, es, sin duda, un elemento clave para ese objetivo. Y se ha vuelto aún más importante en los tiempos actuales.

Este artículo fue publicado originalmente en: Lean Institute Brasil

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