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La gestión “a medias” es reflejo de una educación primaria débil

¿Qué tiene que ver la educación básica con la gestión en las empresas brasileñas?

Una encuesta internacional reciente explica mucho sobre la calidad que tenemos hoy en la gestión de las empresas brasileñas. Se trata de un estudio realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), "Education at a Glance" (Panorama de la educación), que muestra, una vez más, deficiencias en la enseñanza brasileña, principalmente en la educación básica.

Solo para citar algunos datos de ese estudio: el 50% de los brasileños adultos (entre 25 y 64 años) no concluyó la educación secundaria, frente al promedio del 22% de los países de la OCDE (que reúne a 35 naciones desarrolladas). Muchos (17%) ni siquiera terminan la educación básica en Brasil, mientras que el promedio en la OCDE es del 2%.

En cuanto a recursos, invertimos 3.800 dólares al año por cada alumno de educación básica, un valor muy por debajo del promedio de los países miembros de la OCDE, que es de 8.700 dólares por estudiante. En cambio, cuando se trata de educación superior, el escenario cambia: el valor invertido por Brasil es de más de 11.000 dólares, lo que está muy cerca de lo que invierten países como Portugal y España.

En ambos extremos (educación básica y superior) existen innumerables deficiencias y recursos escasos y mal aplicados, pero sin duda en la educación básica la situación es mucho más dramática.

¿Qué tiene que ver esto con la gestión? Todo.

Hoy se sabe cada vez más que la calidad de la gestión de una empresa no puede depender solo de la competencia o de la formación de sus principales líderes. No se puede contar solamente con unos pocos ejecutivos que tuvieron una buena formación y que, por ello, están en condiciones de sostener una gestión excelente, independientemente del resto de la compañía. Esa es una visión antigua de la gestión, la del “superejecutivo” que todo lo resolvía.

Hoy existe cada día más conciencia de que una gestión excelente solo puede ser fruto del uso del pleno potencial de todos. Solo así es posible diferenciarse realmente en el actual mercado hipercompetitivo. Si solo los ejecutivos y especialistas tuvieron una formación educativa sólida, y el resto de la empresa no, es muy probable que se tenga una “media” buena gestión. Una gestión “coja”, “a medias”, en la que los buenos resultados dependen de unos pocos, en lugar de depender de muchos. La empresa sigue adelante, claro, pero a los tropezones, con puntos débiles aquí y allá...

Lo ideal es que la inmensa mayoría de la empresa, cotidianamente, busque problemas y desperdicios. Investigue y encuentre causas raíz. Y, por medio de experimentos, implemente planes de resolución y de mejora del trabajo. Solo así habrá una mejora continua creciente e imbatible, que haga a cualquier organización cada día más sostenible, eficiente, productiva y generadora de valor.

Pero para que esto realmente ocurra es necesario que la gran mayoría tenga una formación educativa sólida. Y, por supuesto, esta tarea no puede quedar solo a cargo de la educación superior.

Es en la educación básica donde se desarrolla buena parte de la formación intelectual del individuo. Es en ella donde las operaciones lógicas y matemáticas se asimilan primero y mejor. Es también en ella donde evolucionan el texto, la narrativa, la capacidad de expresión, de contar y de escuchar historias. Es también allí donde las ciencias y sus capacidades de experimentación deberían consolidarse en la mentalidad de los alumnos. Es allí, en la educación básica, donde se aprenden cosas que jamás se olvidarán. Es donde se forma al ciudadano con fundamentos tan importantes como la responsabilidad, la honestidad, la ética, la conciencia crítica y una real capacidad de trabajo eficiente. Sin esta base mínima, la participación de cada empleado en la mejora cotidiana del trabajo se ve perjudicada.

El problema es que, como sabemos, estas formaciones educativas tan importantes no se dan como deberían en la mayoría de nuestras escuelas de educación básica, principalmente en las públicas, pero no solo en ellas. La importancia de la educación básica para la evolución de un país es ampliamente conocida, pero siempre termina quedando en segundo plano, incluso porque no admite soluciones simples ni de corto plazo.

Además de los importantes puntos de la agenda política y económica de este año y del próximo, la cuestión de la calidad de la educación básica debe estar entre los temas prioritarios que la sociedad debe enfrentar de lleno, pues también es un cuello de botella para el desarrollo del país.

Las empresas que operan en Brasil solo serán competitivas con una gestión completa, que aproveche la capacidad del 100% de sus personas. Para ello, es necesaria una formación sólida en la base de la pirámide y una gestión que involucre a todos en la resolución de problemas, todos los días.

Este artículo fue publicado originalmente en: Época Negócios

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